Ayer en la presentación de "Lo que no se ve" y de mi segundo libro, me hicieron la siguiente pregunta: Y tú Pablo, ¿de qué huyes? Esta fue mi respuesta. La escribí el 19 de agosto y no tuve agallas de publicarla. Hasta hoy. Lo recogí junto al Ponte Vecchio. A esa hora en que los turistas ya se han ido y Florencia respira más lento. Veintipocos años. Camisa blanca arrugada. Un ramo de flores marchitas en la mano. No llevaba maleta. Ni siquiera móvil a la vista. Solo unos ojos rojos de tanto pensar. No quiero ir a ningún sitio en particular, me dijo al subir al taxi. Solo conduce. Asentí. En esta ciudad nadie se sorprende si alguien pide perderse un rato. Encendí el motor y lo llevé por las calles empedradas que serpentean hasta Fiesole. Desde ahí, Florencia se ve como un cuadro húmedo después de la lluvia. Durante un buen tramo, guardo silencio. Mirando como el arno se alejaba por la ventana. Pero, al pasar frente a una trattoria, habló sin mirarme. ¿Sabe lo que más me cuesta? Elegir a la persona correcta. Yo no contesté, solo esperé. Y entonces dejó caer las flores en el asiento y recitó como si estuviera recordando algo aprendido a la fuerza. Nos conformamos porque el miedo a estar solos pesa más que el dolor de estar con la persona equivocada. Nos conformamos porque el sufrimiento que conocemos nos resulta más seguro que la felicidad que nunca hemos vivido. Nos conformamos porque una parte de nosotros cree que lo familiar es lo verdadero. Y con esto me refiero a que cuando llevas demasiado tiempo experimentando la mediocridad, empiezas a creer que eso es lo que te toca, que ese es tu destino, que no hay nada mejor para ti. Pero la razón más profunda por la que nos conformamos, es porque aunque sospechamos que hay alguien mejor ahí fuera, no creemos que esa persona exista para nosotros. Porque tenemos una visión tan limitada de lo que somos y de lo que merecemos, que ni siquiera nos permitimos imaginar algo mejor. Y eso pasa porque nos han enseñado a vivir en pequeño. Porque hemos tenido personas, relaciones, exparejas, que nos hicieron creer que debíamos quedarnos dentro de ciertos límites, dentro de ciertas paredes. Y si jugábamos dentro de ese espacio estrecho, entonces todo iría bien. Pero eso es mentira. Aunque suene paradójico, lo que hace perfecta a una persona no es que lo haga todo bien, es que se equivoque muchas veces. Con el tiempo he comprendido que no nos enamoramos de la otra persona, sino de cómo nos vemos cuando estamos con ella. ¿Y sabe por qué? Porque la vida siempre tiene razón y el amor siempre gana. Lo que nos hace enamorarnos no es encontrar a alguien perfecto, es encontrar a alguien que acepte nuestras imperfecciones y que nos inspire a hacer lo mismo con las suyas. Al terminar me miró en el retrovisor. Yo solo le pregunté. ¿Y ella...? Se encogió de hombros. Ella dice que me ama, pero que no soy capaz de elegir, que siempre miro hacia otra puerta. Y quizá tiene razón, pero... ¿qué pasa si todas esas puertas llevan al mismo lugar? En Fiesole detuve el coche. El sol se colaba entre las nubes y teñía de naranja las cúpulas de Florencia. Él se bajó, respiró hondo, como si necesitara aire nuevo para atreverse a seguir. ¿Cree que algún día sabré elegir bien? Preguntó sin girarse. Creo que el amor no se elige, le dije. Solo se acepta o se huye de él. Se quedó quieto, como masticando la respuesta. Después sonrió con esa mezcla de dolor y alivio que solo tienen los que han dejado caer un peso enorme sin saber si han hecho lo correcto. Entonces quizá no sea cuestión de elegir, sino de quedarme donde, por primera vez, no tenga ganas de huir. Asentí. A través del retrovisor lo vi volver a tomar el ramo de flores, enderezar un tallo roto y caminar hacia ninguna parte. Florencia seguía ahí, intacta, como esperando a que él también eligiera quedarse. |
I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
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