La educación también se entrena



La educación también se entrena
tiempo de lectura 7 minutos

disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 4, 2026

show
125: La educación también se...
Jun 4 · tiny victories.
6:56
Spotify Logo
 


Ayer por la mañana casi fallo mi entrenamiento incluso antes de empezar a nadar. Y no por fatiga, ni por falta de ganas, ni por una mala noche de sueño.
Sino por una señora de unos 60 años metida en el carril rápido de la piscina.

Los que nadáis en piscinas públicas, aunque sean de gimnasios privados, sabéis perfectamente de qué hablo. Entrar a una piscina compartida a determinadas horas es lo más parecido a combatir en una guerra sin chaleco antibalas. Hay carriles. Hay carteles que marcan los ritmos de nado. Hay una lógica bastante sencilla que, en teoría, debería evitar problemas: si nadas lento, vas a un carril lento; si nadas rápido, vas a un carril rápido. No parece física cuántica. Solo requiere mirar unos grados por encima de lo que marca tu propio ombligo.

Pero ahí empieza el problema.

Porque muchas veces la educación, el sentido común y la capacidad de pensar en los demás se quedan en el vestuario.

El caso es que salí a la piscina, vi los dos carriles rápidos ocupados por dos señoras que claramente no estaban nadando al ritmo de esos carriles, y me quedé esperando. Como hago siempre. No me gusta ir dando lecciones a nadie. No me gusta entrar en un sitio con la energía del que cree que el mundo tiene que apartarse porque él tiene un entrenamiento importante. Y, sobre todo, no me interesa tener razón si para tenerla tengo que convertirme en alguien con el que no me identifico.

Así que esperé a que una de ellas terminara el largo, me agaché en el bordillo y le dije, con toda la calma que pude, que ese carril era para nadar rápido, que seguramente yo le iba a molestar, y que podíamos buscar una alternativa para no estorbarnos.

Su primera respuesta fue:

“¿Y qué quieres, el carril para ti solo?”


Y ahí, durante un segundo, apareció esa parte de mí que también existe. La parte que podría haber contestado mal. La parte que sabía que, objetivamente, tenía razón. La parte que quería decirle que no era una cuestión de querer el carril para mí, sino de respetar unas normas básicas para que todos pudiéramos entrenar sin molestarnos.

Pero justo antes de responder, pensé en mi abuela.

Pensé en una herramienta que menciono en mi libro y que Shane Parrish explica muy bien en su libro, Pensar con claridad: el directorio personal. Esa especie de consejo interno formado por personas que admiras, no porque sean perfectas, sino porque representan valores concretos que tú quieres tener presentes cuando la vida te pone delante una situación incómoda. Puede estar tu padre, tu madre, tu abuela, un amigo, un escritor, un deportista, un personaje de ficción o alguien que ni siquiera conoces. Da igual. Lo importante es que, cuando no sabes cómo actuar, puedes preguntarte: ¿qué haría esta persona ahora?

Y yo pensé en mi abuela. O mejor dicho, que era ella quien estaba nadando en aquél carril.

Y contesté de otra manera. Le dije:

“Mira, te lo estoy diciendo con toda la educación y el respeto del mundo. No quiero tener razón. No es mi objetivo. Simplemente creo que muchas veces vemos un carril libre, nos metemos, venimos pensando en nuestras cosas, vamos con prisa y no nos damos cuenta de que podemos molestar a otra persona. Lo único que te digo es que probablemente yo te voy a molestar a ti. Así que podemos hacer una cosa: mientras caliento, tú vas por un lado, yo voy por el otro, y si se queda libre otro carril, buscamos una solución.”


Y algo cambió.

La tensión bajó.

Ella dejó de defenderse.

Me dijo que sí, que tenía razón, que había intentado meterse en otro carril pero estaban ocupados, que no lo había hecho con mala intención. Y yo le repetí algo que creo que resume bastante bien todo esto:

“No quiero tener razón. Solo creo que es una cuestión de sentido común.”


Al final pudimos nadar los dos. Ella por un lado, yo por otro. Me molestó un poco, sí. Yo también la molesté a ella. Luego se cambió de carril y pude sacar un entrenamiento muy bueno. Fin de la historia.

Y seguramente, a estas alturas te estarás preguntando a qué viene todo esto y qué puede aportarte. Esta entrada de hoy, en realidad no va de nadar.
Va de cómo reaccionas cuando alguien invade tu espacio, tu tiempo, tu plan o tu paciencia. Va de lo rápido que convertimos cualquier pequeña fricción diaria en una guerra absurda de egos. Va de lo poco que nos cuesta pensar que el otro es un inútil, un maleducado o un egoísta, y lo mucho que nos cuesta asumir que quizá simplemente está despistado, cansado, saturado o atrapado en sus propias cosas. Igual que tú. Igual que yo. Igual que todos.

Y ojo, esto no significa dejar que la gente te pase por encima. No significa tragarte todo. No significa no poner límites. De hecho, creo que poner límites con educación es una de las muestras más claras de carácter que existen. Lo fácil es callarte y acumular resentimiento. Lo fácil también es explotar y justificarte diciendo que tenías razón. Lo difícil es decir lo que tienes que decir sin perder las formas de la persona que quieres ser mientras lo dices.

Ahí está la verdadera victoria.

No en ganar la discusión o en demostrar que el cartel ponía “carril rápido”. Tampoco está en salir de la piscina sintiéndote superior porque tú sí sabes cómo funcionan las normas y los demás no. La victoria está en no regalar tu paz por una tontería. En no permitir que una situación pequeña te pudra el entrenamiento, la mañana o el resto del día. En tener la suficiente humildad como para poner un límite sin humillar al de al lado. En tener la suficiente firmeza como para hablar claro sin convertirte en alguien desagradable.

Porque entrenar no solo va de levantar peso, acumular kilómetros o nadar más rápido. También va de esto. De observarte en situaciones pequeñas. De ver quién eres cuando tienes prisa. Cuando estás cansado. Cuando alguien te molesta. Cuando podrías contestar mal y nadie te culparía demasiado por hacerlo.

Ahí también se construye tu identidad.

Y sinceramente, me da pena que tengamos que recordar algo tan básico. Me da pena que la educación parezca casi un acto revolucionario. Me da pena que pedir algo con respeto, escuchar al otro y buscar una solución común parezca una rareza. Porque al final, no estamos jodiendo el mundo con grandes catástrofes todos los días. Lo estamos ensuciando con pequeñas faltas de conciencia repetidas una y otra vez. Con el coche que se te cuela sin poner el intermitente. Con el mensaje que contestamos mal porque vamos con prisas. Con la persona a la que hablamos como si fuera un obstáculo. Con el carril que ocupamos sin pensar si quizá ese no era nuestro sitio.

Y sí, a veces el otro no tendrá razón. Pero tú sigues teniendo la responsabilidad de elegir quién eres en esa situación.

Esa es la parte incómoda.

No controlas cómo responde la otra persona.
No controlas si te entiende.
No controlas si se pone a la defensiva.
No controlas si te pide perdón.

Pero sí controlas si bajas al barro con ella o si intentas dejar el sitio un poco mejor de como lo encontraste.

Aunque sea en el carril rápido, de una piscina, en una conversación de treinta segundos con una señora que probablemente no volverás a ver en tu vida.

Tiny Tool

La próxima vez que notes que estás a punto de reaccionar mal, no intentes ser perfecto. Solo haz una pausa de tres segundos y pregúntate:

¿Qué haría ahora alguien a quien respeto?

Solo para recordar que, incluso cuando tienes razón, sigues pudiendo elegir cómo comportarte.

Si esta semana te encuentras en una situación así, prueba a bajar dos marchas antes de responder.
A veces, esa es la pequeña victoria que evita que una tontería te robe el día.

Creo que esto puede ayudarte

Tiny Victories

I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.

Read more from Tiny Victories

Una vida con sentido(solo necesitas 4 cosas)tiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 1, 2026 124: Una vida con sentido Jun 1 · tiny victories. 6:54 Desde siempre, he pensado que es el libro quien elige el momento oportuno de que lo leas. Por eso, hay textos que no lees. Te encuentran. Aparecen justo cuando llevas semanas intentando ordenar algo que no sabes muy bien cómo explicar. Justo cuando has pasado por demasiadas idas y venidas internas. Justo cuando la vida...

Cuando hacer más deja de ser la solucióntiempo de lectura 8 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 29, 2026 123: Cuando hacer más deja d... May 29 · tiny victories. 8:40 Hay conversaciones que no te dan una respuesta, pero te dejan sin escapatoria. Hace unos días tuve una de esas conversaciones con una amiga. Una conversación que empezó hablando de entrenamiento, rendimiento, objetivos, negocio, presión, psicología deportiva y acabó tocando una herida que, en el fondo, ya sabía que...

Del propósito, el sentido de la vida y la verdadera tenacidadtiempo de lectura 8 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 25, 2026 122: Del propósito, el senti... May 25 · tiny victories. 8:17 Hay semanas en las que escribir se me hace bola y siento hasta que me parece una falta de respeto. No porque no haya nada que decir, sino todo lo contrario, porque hay demasiado. Porque a veces todo ocurre en menos de lo que dura un parpadeo y cualquier intento de ordenar lo que sientes se queda...