Ayer por la mañana se me rompió el iPhone. Por eso esta entrada de hoy, va sin la opción de poder escucharla en formato podcast. La grabaré en cuanto lo arregle, prometido. Se me rompió no porque estuviera ya viejo (era el iPhone 15 pro) o porque me fallara la batería. Tampoco me vale con decir que bueno, estas cosas pasan. Se me rompió porque llevaba demasiada prisa. Salí del coche queriendo hacerlo todo a la vez: el móvil en una mano, las llaves en la otra, la mochila colgando, una caja apoyada como podía en el antebrazo. Quise ganar cinco segundos… y perdí el teléfono. Mientras se me caía con la pantalla mirando al suelo, sentí ese silencio incómodo en el que ya sabes que algo se ha roto antes incluso de mirarlo. Y mientras lo recogía, con una raja que cruzaba toda la pantalla, me vino una idea bastante incómoda a la cabeza: Esbocé una sonrisa irónica y me dije: Estaba viendo venir que algo así me tenía que pasar. Ir con prisa no es un acto de eficiencia. Es un atisbo de falta de control. Llevo tiempo yendo demasiado rápido a todos lados. Demasiado pendiente de llegar a todo y a todos. Demasiado obsesionado con no perder tiempo. Y sin darme cuenta, he dejado que el ritmo de la sociedad decida por mí: Contesta rápido, responde ya, publica, revisa, no te quedes atrás. No es que nadie me lo haya impuesto directamente, sino aún peor: me lo he autoimpuesto sin darme cuenta. Y cuando vives así, pasan dos cosas: 1. Empiezas a hacer todo con tensión. 2. Empiezas a romper cosas. A veces objetos. A veces, incluso cosas más importantes. Desde ayer he pasado todo el tiempo sin télefono. Y no, no ha sido romántico ni espiritual. Ha sido incómodo, no te voy a engañar. Me he descubierto haciendo algo bastante patético: meter la mano en el bolsillo… y volver a guardarla sin sacar nada. Querer abrir el móvil buscando una notificación que evidentemente no podía ver. Y ahí me he dado cuenta de algo que llevaba tiempo esquivando: Tengo una relación de dependencia bastante seria con el teléfono. La excusa es buena. Incluso legítima: Es mi herramienta de trabajo. Y es verdad. Necesito un móvil. Necesito un ordenador. Pero eso no justifica tener que mirarlo sin motivo, abrir Instagram sabiendo que no ha pasado nada, entrar al email por inercia, desbloquearlo solo para sentir que estoy pendiente durante diez segundos. Eso no es trabajo. Eso es dopamina barata. Como es la vida, que hace unos días lo hablaba con un compañero que me encontré en una tienda y la semana pasada leí una entrada en una de mis newsletter favoritas, la de Sahil Bloom y me cayó como una hostia de realidad más que necesaria. En ella, Sahil escribía sobre su adicción al teléfono y de cómo se estaba desintoxicando durante 30 días. Mientras la leía ya empecé a notar un ligero cosquilleo por sentirme identificado, pero mi ego salió enseguida a la palestra para decirme que nosotros no estábamos tan mal. Hoy, con el móvil roto sobre la mesa, ya no puedo hacerme el listo. La parte que más me removió no fue su plan. Fue la pregunta que se hizo a sí mismo: Si tu vida fuera una película, ¿qué estaría gritándole el espectador al protagonista ahora mismo? La respuesta es bastante evidente: Suelta el puto teléfono. No quiero demonizar la tecnología y tampoco voy a hacerme el asceta digital. El teléfono aporta valor. Conecta. Facilita. Amplifica. Pero también invade. Interrumpe. Fragmenta. Y cuando no pones límites, te roba algo que no notas hasta que desaparece: la capacidad de estar presente. Presente con tu trabajo. Presente con la gente que quieres. Presente contigo mismo. Así que he decidido sumarme al reto. No voy a hacerlo perfecto. No voy a hacerlo radical. Pero sí consciente. Durante los próximos 30 días voy a hacer tres cosas muy simples:
Y además, voy a hacer algo que me incomoda un poco, pero creo que es necesario: En cada newsletter de los lunes y jueves durante estos próximos 30 días, voy a empezar enseñándote un pantallazo con mi tiempo de uso del teléfono. Sin maquillaje. Sin excusas. Sin storytelling bonito. Para hacerme responsable y comprometerme. Si has llegado hasta aquí y has sentido un mierda, a mí también me pasa. No lo ignores. No hace falta que rompas el móvil para darte cuenta. Empieza por algo sencillo: observa cuántas veces lo coges sin saber por qué. Y si te apetece, te propongo algo: respóndeme a este email. Cuéntame qué relación tienes con tu teléfono. O dime si te unes a estos 30 días, aunque sea a tu manera. No para competir. No para hacerlo perfecto. Para recuperar algo que vale más que cualquier pantalla: tu atención. Seguimos. Despacio. A nuestro ritmo. |
I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
Justin Bieber no es híbridotiempo de lectura 5 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| ABRIL 16, 2026 115: Justin Bieber no es híb... Apr 16 · tiny victories. 5:42 Llevo tres días escuchando en bucle a Justin desde su actuación en Coachella, pero no por el morbo ni por el debate fácil de si fue un genio o un vago, ni siquiera por el MacBook, el show o los millones que cobró, sino por lo que había debajo de todo eso, porque la mayoría de la gente vio a un tío subirse a uno de los escenarios...
Una oda a la amistadtiempo de lectura 4 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| ABRIL 13, 2026 114: Una oda a la amistad Apr 12 · tiny victories. 4:01 Ayer salí del cine con una sensación rara en el cuerpo después de ver Project Hail Mary, protagonizada por Ryan Gosling. Rara en el buen sentido. De esas que no sabes muy bien cómo explicar sin que suene cursi o exagerado, pero que se te queda dentro dando vueltas durante horas, incluso días. No es solo una película de ciencia ficción. Es una...
Nunca pensé aprender esto en una piscina públicatiempo de lectura 5 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| ABRIL 9, 2026 Nunca pensé aprender esto en... Apr 9 · tiny victories. 4:46 Te voy a decir algo que probablemente no esperabas aprender entrenando en una piscina pública: Educación, saber estar y sentido común. O mejor dicho, lo que la gente refleja cuando nadie les está mirando de verdad. El otro día entré a entrenar como cualquier otro día, con el gorro, las gafas, el reloj listo y...