|
A veces me preguntan de dónde saco la fuerza. La constancia. Las ganas. La disciplina. Y siempre me quedo callado un segundo. Porque la verdad es que no creo que tenga más fuerza que los demás. Lo que sí sé es que llevo años persiguiendo una ambición que siempre va varios pasos por delante de mí. Y que, aunque a veces la alcanzo por un segundo, enseguida me exige más. Me pone el listón más alto. Y me obliga a subir de nivel. Otra vez. Lo que empezó como un reto personal —cruzar la meta de mi primer Ironman— se convirtió en una vida completamente distinta. Hoy ya van casi 20 competiciones en la media y larga distancia. He clasificado al Mundial. He montado mi propia empresa. He ayudado a cientos de personas a entrenar y a encontrarle sentido al esfuerzo. Pero no, no estoy satisfecho. Y no porque nada de eso no me haga feliz. Sino porque cuando te demuestras a ti mismo que puedes con más, ya no te permites vivir con menos. Cada vez quiero correr más rápido. Mover más vatios. Gestionar mejor mi tiempo. Liderar mejor mi equipo. Construir una comunidad más fuerte. Y no por ego. Sino porque sé que cuanto más me exijo a mí, más capaz soy de sostener lo que me rodea. Cuando estoy bien, el resto también está bien. Y eso solo ocurre cuando vivo por encima del estándar que alguna vez creí suficiente. Hay una escena en Harry Potter y la Piedra Filosofal que siempre me marcó. Harry se encuentra frente al Espejo de Oesed —el espejo que muestra lo que más deseas, incluso si nunca lo has tenido. Y ahí, reflejado, no ve el presente. Ve el anhelo. La posibilidad. Lo que podría llegar a ser. A veces siento que mis objetivos funcionan igual. Como ese espejo. No te muestran lo que eres hoy, pero sí lo que podrías llegar a ser. Y si tienes el coraje y la determinación de mirarte de verdad, de sostener esa imagen sin huir… ahí es donde empieza la transformación. Porque ningún objetivo se alcanza sin convertirte antes en alguien digno de sostenerlo. Y eso no ocurre por arte de magia. Ocurre cuando aprendes a decir que no. Cuando te presentas incluso sin ganas. Cuando dejas de buscar motivación y empiezas a ser más disciplinado. Cuando cambias la frase “quiero lograr esto” por “voy a convertirme en la persona capaz de lograrlo.” Ahí cambia todo. La vida no te da lo que sueñas. Te da lo que estás dispuesto a soportar, a trabajar, a merecer. Así que si hoy tienes un objetivo grande en mente —uno de esos que te acelera el pulso solo de imaginarlo—, te dejo esto: No lo mires solo como una meta. Míralo como un espejo. Ese objetivo te está diciendo: “Si quieres llegar hasta mí, vas a tener que crecer. Vas a tener que elevar el estándar. Vas a tener que dejar atrás a tu yo actual.” Porque si lo haces bien, no solo llegas. Te conviertes. Y eso no hay meta que lo iguale. Mis 3 tiny victories
Mi pregunta incómoda¿En quién te tienes que convertir para conseguir aquello que llevas tanto tiempo procrastinando? |
094: Quién eres cuando nadie... Jan 25 · tiny victories. 5:05 El sábado, volviendo de Andorra solo en el coche, me di cuenta de algo que —aunque llevo años diciendo—, solo entiendes de verdad cuando bajas un poco el ruido: todo pasa por tu identidad.No por objetivos.No por motivación.Por tu identidad.James Clear lo explica mejor que nadie: no escribes un libro porque te obligas a escribir una hora al día.Eso es el final de la historia, no el principio.El principio es otro: soy escritor.Y...
093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...