Fake it until you make it
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Hace unos días estaba hablando con un atleta al que ya llevo tiempo entrenando.
Estaba quemado por los números de las últimas semanas entrenando.
No porque estuviera entrenando mal.
No porque no estuviera mejorando.
Sino porque sentía que nunca era suficiente.
Me pedía más volumen, más series, más días aunque fueran rodajes suaves.
Y en su cabeza, una idea constante:
“Si hoy no doy más que ayer, alguien me está adelantando.”
Ese mismo patrón lo he visto en mi mismo y lo veo en otros muchos atletas y emprendedores.
En gente que no desconecta nunca.
En gente que no publica hasta que todo está perfecto.
En gente que, en teoría, lo está haciendo todo bien… pero por dentro está completamente rota.
La trampa de la sociedad actual en la que nos hemos dejado embelesar reside en que confundimos inseguridad con falta de trabajo, cuando muchas veces es justo lo contrario.
Estamos trabajando de más para tapar lo que no queremos ver.
Dudas.
Miedo.
Inseguridad.
Y como no sabemos gestionarlo, nos autoengañamos disfrazándolo de disciplina.
Pero entre tú y yo, sabemos que eso no es disciplina.
Simplemente es otra manera más de darle la espalda a algo que no queremos hacerle frente.
La puta fina línea que separa tus expectativas de la realidad.
La enseñanza que saqué de toda esta reflexión con mi atleta es incómoda, pero bastante clara:
no puedes construir confianza real si todo lo que haces está diseñado para evitar sentirte insuficiente.
Porque entonces nunca validas nada.
Nos han vendido una versión completamente distorsionada de la confianza.
La de las redes sociales.
La de Instagram.
La de cree en ti.
La de eres imparable.
La de fake it till you make it.
Y joder, suena bien.
Hasta que te plantas en una línea de salida, o lanzas algo importante, o te enfrentas a algo que de verdad te importa… y tu cabeza se llena de ruido.
De dudas.
Comparaciones.
Miedo a no estar a la altura.
Y ahí no sirve repetirte frases bonitas.
Ahí solo sirve una cosa:
La verdad.
Porque la confianza no es una emoción.
Es una conclusión. Una conclusión basada en evidencia.
En horas.
En días.
En meses.
En todo lo que hiciste cuando nadie miraba.
Cuando la confianza es baja, pasa algo muy concreto: tu mundo se encoge.
Tu foco se rompe.
Empiezas a mirar a los demás.
Todo parece más difícil de lo que realmente es.
Lo que antes era un reto, ahora es una amenaza.
Y tu comportamiento cambia.
Entrenas peor.
Decides peor.
Disfrutas menos.
No porque no puedas.
Sino porque has dejado de confiar en que puedes.
En cambio, cuando la confianza es alta, ocurre lo contrario.
No desaparecen las dudas.
Pero dejan de mandar.
Puedes sentir miedo… y aun así ejecutar.
Puedes tener un mal día… y aun así responder.
Tu mundo se expande.
Y eso cambia absolutamente todo.
Y justo ahí, en esa dicotomía entre confiar y no hacerlo, es donde casi todo el mundo se equivoca:
intenta construir confianza desde el exterior.
A base de validación.
De resultados.
De aplausos.
Pero eso es otra trampa más, básicamente.
Porque en el momento en el que eso desaparece… te quedas vacío.
Si tu valor depende de lo que otros piensan, entonces no tienes control sobre tu valor.
Y eso te vuelve frágil.
Muy frágil.
Por eso hay gente que necesita ganar para sentirse válida.
Que necesita likes.
Que necesita reconocimiento constante.
Porque nunca construyó nada sólido dentro.
Solo acumuló pruebas externas que validaran todas sus acciones.
Y esto por supuesto, también se aplica a cómo entrenas.
Si entrenas para demostrar algo, estás jodido.
Porque cada entrenamiento se convierte en un examen.
Y cada fallo, en una amenaza a tu identidad.
Pero si entrenas para construirte… entonces amigo mío, todo cambia.
El error deja de ser peligroso.
El descanso deja de sentirse como una culpa.
Y el proceso deja de estar basado en la ansiedad de conseguir un resultado y empieza a ser lo que es: el único camino posible.
La confianza de verdad en uno mismo no elimina tus dudas, pero tiene la capacidad de ordenarlas y ponerlas en su sitio.
Te recuerda que no lo tienes todo bajo control… pero que tienes lo suficiente para avanzar.
Y eso basta.
No necesitas creerte el mejor.
Necesitas saber que, pase lo que pase… vas a responder.
Ese es el tipo de confianza que no se rompe.
La que no depende del resultado.
La que no necesita postureo.
La que no se ve… pero se nota.
Si estás en ese punto en el que sientes que haces mucho pero avanzas poco, en el que tu cabeza pesa más que tu cuerpo… no necesitas más disciplina.
Necesitas honestidad.
Mira lo que estás haciendo.
Y pregúntate:
Porque son dos caminos muy distintos.
Y solo uno te va a llevar a donde quieres.
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I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
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