El jueves pasado fue un día que no voy a olvidar. La premiere del documental Lo que no se ve. Mi comunidad delante. Mi segundo libro en preventa. Y yo, mostrándome sin ningún tipo de armadura. Crudo y sin filtro. No fue un evento. Fue una exposición. Me abrí de verdad. Sin un discurso adornado con guirnaldas. Sin inventarme ningún personaje. Sin épica artificial. Dije cosas que normalmente solo se dicen cuando ya no te importa protegerte. Y entre todas las preguntas que salieron ese día, hubo una que se repitió —dentro y fuera del documental—. “¿Por qué haces Ironman? ¿Por qué te sometes a esto?” Mi respuesta siempre ha sido la misma, y la sigo sosteniendo: Porque es la única manera que he encontrado de tenerme respeto. El sábado, quedé a comer con una persona que estuvo presente en la premiere del jueves, mi tío. La conversación profundizó en mi respuesta por otro sitio más incómodo. Más interesante quizá. Me preguntó si después de tantos años había encontrado otras formas de no depender solo del Ironman para respetarme. Si había aprendido a construir ese respeto de otra manera. Y ahí me di cuenta de algo importante. Algo que creo que merece ser compartido. Durante años, cuando buscamos respuestas sobre quiénes somos, cómo vivir mejor o qué sentido tiene todo esto, solemos mirar siempre al mismo sitio. Libros. Filosofía. Psicología. Ética. Moral. Y ojo, todos esos lugares importan, y mucho. Pero casi siempre estamos mirando en la dirección equivocada. O al menos, así es como yo lo entiendo. Porque nos olvidamos de algo más básico. Más incómodo. Más real. La biología. Es un milagro estadístico que estés leyendo esto. Un bucle absurdo de casualidades infinitas ha hecho posible que tú y yo estemos vivos ahora mismo. No por mérito. No por justicia. Por azar. Bendito libre albedrío. Millones de combinaciones posibles. Miles de generaciones antes. Errores, aciertos, supervivencia, adaptación. Y aquí estamos. Con el conocimiento que tenemos hoy, no hay otra posible explicación más fehaciente que esta. Y si eso no te pone un mínimo de responsabilidad encima… no sé qué lo hará. Porque aunque solo fuera por no ser egoísta con todo lo que ha tenido que pasar para que tú existas, lo mínimo es tomar las riendas de tu vida. No desde la comodidad. No desde vivir completamente anestesiado. Sino desde la incomodidad diaria. En el libro digo algo que a algunos os va a incomodar. El fin último del ser humano no es reproducirse. Es evolucionar. Si fuera solo reproducirse, seguiríamos funcionando como amebas. Sin consciencia. Sin dirección. Sin conflicto interno. Pero no es así. Transmitimos genes, sí. Pero también buscamos una mejor versión de nosotros mismos. Y eso no ocurre leyendo frases subrayadas. O entendiendo conceptos brillantes. Ocurre cuando te expones. Cuando te enfrentas a tus límites. A tus sesgos más primarios. A tus miedos. A tu fragilidad. Ahí es donde no puedes mentirte. Yo encontré ese camino en los Ironman. No porque sea especial. No porque sea heroico. Sino porque fue la forma más primaria que encontré de someterme, día tras día, a algo que no me apetece. Entrenar cuando no quieres. No cumplir con tus expectativas. Fracasar en público. Sacrificar cosas que otros no entienden. Aprender a base de golpes. Mostrarte vulnerable. Y todo lo que no se ve. Eso es lo que me ha permitido construir respeto hacia mi persona. Respeto por cumplir. Por no huir. Por sostener decisiones cuando nadie aplaude. Y con el tiempo entendí algo más importante todavía. Esto no va de Ironman. Nunca ha ido de cruzar líneas de meta. Va de encontrar tu forma de exponerte a la incomodidad suficiente como para no poder esconderte de ti mismo. Hay gente que lo hará entrenando. Otros creando. Otros liderando. Otros cuidando. Da igual la forma. Lo que no da igual es vivir evitando sistemáticamente todo lo que te incomoda. Porque ahí no hay evolución. Solo supervivencia básica. Y sobrevivir no es lo mismo que vivir con propósito. Ese día, en la premiere, entendí que Pequeñas victorias no va de principios bonitos. Va de recordarte algo muy simple y muy jodido: Nadie va a dejarte el respeto que buscas en forma de regalo estas Navidades. Tienes que ganártelo tú. Y no se gana con grandes gestos puntuales. Se gana acumulando pequeñas victorias diarias que casi nadie ve. |
I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
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