Nunca pensé aprender esto en una piscina pública
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Te voy a decir algo que probablemente no esperabas aprender entrenando en una piscina pública:
Educación, saber estar y sentido común.
O mejor dicho, lo que la gente refleja cuando nadie les está mirando de verdad.
El otro día entré a entrenar como cualquier otro día, con el gorro, las gafas, el reloj listo y la cabeza ya en modo trabajo, porque no iba a nadar por nadar, iba a entrenar, tenía un plan, tenía un objetivo y sabía exactamente lo que tenía que hacer. Y eso, aunque suene básico, ya te pone en otra liga. Porque la mayoría de la gente no está entrenando, está pasando el rato.
Había un chaval de unos 15 o 16 años nadando solo en un carril, nadaba bien, iba a lo suyo, haciendo series de 50 a buen ritmo, con descansos cortos, con criterio, se notaba que sabía lo que hacía.
Me quedé fuera un par de minutos esperando, sin invadir, sin molestar, hasta que en uno de sus descansos me miró y aproveché para preguntarle con un gesto si podía meterme.
Me dijo que sí.
Entré, hice los primeros 25, paré un segundo y le dije:
Y me respondió:
Dicho y hecho.
Dos personas, un mínimo de comunicación, cero problemas.
Educación básica. Hasta que se fue. Y empezó el circo.
De repente apareció un hombre que se tiró sin mirar justo cuando estaba llegando al bordillo y casi me cae encima, luego otros dos que hicieron exactamente lo mismo, sin avisar, sin preguntar, sin pensar lo más mínimo. Nadie avisa. Nadie pregunta. Nadie piensa. Simplemente entran, ocupan y estorban. Y para colmo, cuando casi nos chocamos, sonó el comentario típico de siempre: mira por dónde vas.
Claro.
Porque el problema soy yo.
A punto de terminar, entró un señor mayor, extranjero, con más ego que espalda, que literalmente no nada… chapotea, pero no en un carril lento donde tendría todo el sentido del mundo, sino justo en el carril en el que estamos nadando a ritmo alto.
Porque claro, ¿para qué vas a adaptarte tú pudiendo obligar a los demás a adaptarse a ti?
Decido hablar con él, primero en español, explicándole la situación con calma, con respeto, como hay que hacer las cosas, y cuando se empieza a reír me suelta un histórico in English please.
Perfecto.
Se lo explico otra vez en inglés. Se vuelve a reír. Le da igual. No lo entiende. O no quiere entenderlo, que es peor.
Y cuando ya me había rendido, cuando me quedaban literalmente 225 metros para acabar y decido parar porque el entrenamiento ya no tenía ningún sentido... Aparece un chico con Síndrome de Down. Se acerca educadamente, me mira. Y me dice:
Le digo:
Sonríe. Da las gracias. Y entra sin molestar a nadie.
Ahí es donde te das cuenta de todo.
En una hora rodeado de gente supuestamente neurotípica, funcional, adulta e independiente, la única persona que tuvo educación, respeto y sentido común fue alguien al que muchos considerarían menos capaz.
Ahí lo tienes.
Sin ruido.
Sin ego.
Sin tonterías.
Solo haciendo lo que hay que hacer y enseñándome una lección que no voy a olvidar nunca. La educación no tiene absolutamente nada que ver con tu inteligencia, con tu dinero o con tu edad, sino con cómo decides comportarte cuando podrías no hacerlo. Tiene que ver con el respeto. Con el entorno. Con entender que no estás solo. Y esto también se aplica directamente a cómo entrenas, cómo trabajas y cómo vives. Porque la mayoría de la gente entrena exactamente igual que nada en una piscina pública: sin criterio, sin respeto por el proceso, sin pensar en el impacto de sus decisiones, saltando donde le da la gana, molestando, improvisando y luego preguntándose por qué no avanza.
Aquí no va de nadar mejor. Va de dejar de ser ese tío que se tira sin mirar. Va de dejar de ir por la vida como si todo girara a tu alrededor. Va de empezar a comportarte como alguien que realmente quiere mejorar. Porque el entorno importa más de lo que crees. Y tú formas parte de ese entorno.
La próxima vez que entres a entrenar, o a cualquier sitio, haz esto:
Antes de actuar, pregúntate:
¿Estoy sumando o estoy estorbando?
Si la respuesta no te gusta, cambia de carril (y no me refiero a una piscina).
Si estás cansado de entrenar sin dirección, de sentir que avanzas a trompicones y de rodearte de gente que no va en serio, entonces agenda una llamada conmigo y vemos si tiene sentido que formes parte de
Pero entra con una cosa clara:
Aquí no se viene a chapotear.
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I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
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