Por qué eres un puto vago explicado a través del efecto Pigmalión


show
089: Por qué eres un puto va...
Jan 7 · tiny victories.
5:57
Spotify Logo
 

Lo bueno de escribir una newsletter es que puedo hablar sin filtros y sin miedo al éxito.
Así que voy a empezar fuerte el año y voy a meter el dedo en la llaga.

¿por qué eres un puto vago?

No te lo digo para herir tu sensibilidad. Te lo digo porque alguien tenía que hacerlo y prefiero ser yo, que ya hay cierta confianza.
Llevamos años suavizando un problema que no se arregla con palabras bonitas ni con las típicas frases motivacionales que aparecen en la taza que te han regalado por reyes, otro año más.


La pereza no es sexy, pero es universal. Da igual si te quedas en la cama hasta las dos de la tarde o si encadenas horas muertas entre Netflix, redes y distracciones inofensivas. Todos hemos estado ahí. Y lo peor no es hacerlo.
Lo peor es no entender por qué.

Porque nadie quiere ser un vago. Nadie se levanta por la mañana pensando “Buenos días, pequeño mequetrefe, hoy voy a decepcionarme otra vez”.
Y, aun así, pasa. Una y otra vez. Sabes que podrías hacer más. Sabes que hay algo dentro de ti que pide otra vida, otro nivel, otra versión. Pero no arrancas.

Y aquí viene la parte incómoda: no es falta de motivación, ni de talento, ni de tiempo.

Durante mucho tiempo te han dicho que todo es culpa tuya. Que te falta responsabilidad. Y ojo, eso es cierto… hasta cierto punto.
Pero hay una variable de la que casi nadie habla y que pesa más de lo que crees:


El entorno que te rodea y lo que ese entorno espera de ti
.


Aquí entra en juego algo que probablemente te suene de algo: el efecto Pigmalión. Dicho sin adornos, funciona así:
tendemos a comportarnos como creemos que los demás esperan que nos comportemos. No como somos. No como podríamos ser.
Como nos tratan. Como nos miran. Como nos van colocando en el tablero.

Si tu entorno te trata como alguien mediocre, acabarás actuando como alguien mediocre.
Si tu entorno no espera nada de ti, tu cerebro aprende rápido que esforzarse no merece la pena.
Y si tu entorno premia la comodidad, la excusa y el no pasa nada, no necesitas fuerza de voluntad para caer, estás entrenado para hacerlo.

Por eso tanta gente confunde pereza con falta de dirección. No es que no quieran hacer nada.
Es que no tienen nada suficientemente exigente que los saque de donde están.
No tienen un contexto que les obligue a dar un paso al frente.
No tienen un espejo delante que les recuerde quién podrían llegar a ser.

Así que, aquí viene la lección importante: la pereza no suele ser un rasgo de personalidad.
Es una adaptación. Te adaptas a lo que te rodea.
A lo que es normal. A lo que es aceptable. A lo que no tiene consecuencias.


Por eso el famoso solo tienes que hacer acto de presencia cada día es tan jodidamente cierto y tan poco aplicado.
Porque presentarte cada día no depende solo de ti.
Depende de si tu entorno hace que no presentarte tenga un coste. De si alguien espera algo de ti.
De si hay un estándar que te empuja hacia arriba o te deja caer hacia abajo.


Cuando pones el foco en algo a largo plazo —da igual si es clasificarte para unos Juegos Olímpicos, preparar un Ironman o simplemente construir una vida que respetes— el problema nunca son los 1460 días que tienes por delante.

El problema es pasar esos días rodeado de estímulos, personas y dinámicas que te dicen, sin palabras, que no hace falta intentarlo tanto.


Aquí es donde todo conecta.
No fracasamos solo porque nos rendimos o porque perdemos oportunidades.
Fracasamos porque muchas veces nadie espera que ganemos. Ni siquiera nosotros mismos.
Y cuando no se espera nada, la oportunidad pasa por delante y ni la reconoces.

La suerte no existe, ya lo sabes. La suerte aparece cuando la preparación se cruza con la oportunidad.
Pero nadie se prepara en serio en un entorno que no lo exige. Nadie se transforma en un contexto diseñado para anestesiarte.

Por eso, antes de preguntarte qué quieres lograr este año o dentro de cinco, hay una pregunta previa que casi nadie se hace:

¿qué entorno necesito para convertirme en la persona capaz de lograrlo?

Qué conversaciones, qué rutinas, qué expectativas, qué personas, qué incomodidades.

Porque cuando cambias el entorno, cambias lo que se espera de ti. Y cuando cambia lo que se espera de ti, cambias tú.
No por magia. Por presión. Por coherencia. Por identidad.

Puedes seguir en la opción uno: sentirte mal contigo mismo, justificarte, rodearte de gente que te entiende demasiado bien y ver cómo el tiempo pasa sin hacer ruido. O puedes elegir la opción dos, que no empieza con motivación, sino con una decisión mucho más concreta:

dejar de vivir en un entorno que te permite ser menos de lo que sabes que podrías ser.


Si sigues rodeado de lo mismo, esperando resultados distintos, no es mala suerte.

Y aquí va el cierre, sin edulcorantes: nadie va a venir a salvarte, pero tampoco tienes que hacerlo todo solo.
El entorno importa más de lo que crees porque te está modelando cada día, incluso cuando no te das cuenta.
Así que elige bien dónde te quedas. Porque, a largo plazo, te acabarás pareciendo demasiado al lugar en el que decides permanecer.

Si esto te ha removido un poco, bien. Ese era el objetivo.
Mañana puedes volver a hacer lo de siempre… o empezar a cambiar lo único que casi nadie se atreve a tocar:
el tablero en el que juegas la partida de tu vida.

Si quieres un entorno que sume, FLOW es tu sitio.

Tiny Victories

Read more from Tiny Victories

094: Quién eres cuando nadie... Jan 25 · tiny victories. 5:05 El sábado, volviendo de Andorra solo en el coche, me di cuenta de algo que —aunque llevo años diciendo—, solo entiendes de verdad cuando bajas un poco el ruido: todo pasa por tu identidad.No por objetivos.No por motivación.Por tu identidad.James Clear lo explica mejor que nadie: no escribes un libro porque te obligas a escribir una hora al día.Eso es el final de la historia, no el principio.El principio es otro: soy escritor.Y...

093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...

092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...