Una oda a la amistad


Una oda a la amistad
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disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| ABRIL 13, 2026

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114: Una oda a la amistad
Apr 12 · tiny victories.
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Ayer salí del cine con una sensación rara en el cuerpo después de ver Project Hail Mary, protagonizada por Ryan Gosling. Rara en el buen sentido. De esas que no sabes muy bien cómo explicar sin que suene cursi o exagerado, pero que se te queda dentro dando vueltas durante horas, incluso días.

No es solo una película de ciencia ficción. Es una historia sobre lo que significa realmente estar para alguien.

Hay una escena que me rompió por dentro sin hacer ruido. Rocky, una especie de roca alienígena que no entiende absolutamente nada de los humanos, le pregunta a Grace qué es un abrazo. Grace intenta explicárselo como puede, desde lo más básico: cercanía, afecto, conexión. Y cuando por fin lo hacen, cuando ese abrazo ocurre, Rocky pregunta algo que parece una tontería, pero no lo es en absoluto: ¿Cómo sabes cuándo termina un abrazo?

Y ahí te das cuenta de que no tenemos ni puta idea.

Nos pasamos la vida midiendo todo: el tiempo, el rendimiento, los resultados, incluso las relaciones. Pero hay cosas que no se deberían medir. Un abrazo no debería tener duración. Debería durar hasta que algo dentro de uno de los dos diga ya está.

Sin normas. Sin prisa. Sin incomodidad.

Como esa regla que aplican en Disney, donde los trabajadores no sueltan el abrazo hasta que el niño decide soltar. Porque entienden algo que a nosotros se nos ha olvidado: que hay momentos que no se repiten, y que cortarlos antes de tiempo es casi una falta de respeto.


Luego está qué estás dispuesto a sacrificar.

Grace le dice a Rocky que su viaje es solo de ida. Que no hay vuelta. Que está condenado a no regresar jamás a casa. Y Rocky, sin pensarlo demasiado, decide regalarle seis años de su propio viaje para darle el combustible que necesita. Seis años de su vida. Así, sin drama, sin anestesia ni heroicidades innecesarias.

Y cuando crees que la historia ya ha dicho todo lo que tenía que decir, va Grace y hace lo mismo. Se da la vuelta renunciando a su regreso y vuelve a por él. No por deber. No por obligación. Sino porque hay vínculos que, cuando son de verdad, no entienden de lógica ni de cálculos.

La mayoría de las relaciones que tenemos no están construidas desde ahí. Están construidas desde la conveniencia, desde el interés, desde el qué gano yo con esto. Y eso, al menos a mi modo de ver, no es amor. Ni amistad. Es un trueque propio del medievo. Un intercambio.

Lo otro es otra cosa.

Lo otro es dedicar tiempo a entender al otro cuando ni siquiera habláis el mismo idioma. Es tener la paciencia de escuchar sonido por sonido hasta que empieza a tener sentido. Es dejar el ego a un lado y aceptar que no lo sabes todo. Es construir algo juntos desde cero, sin garantías.

Y ahí es donde me vino a la cabeza el concepto japonés de wabi-sabi. Esa idea de encontrar belleza en lo imperfecto, en lo torcido, en lo que no encaja del todo.

En lo humano.

Porque eso es exactamente lo que ocurre cuando conectas de verdad con alguien.

No intentas arreglarlo.
No intentas cambiarlo.
No intentas hacerlo más cómodo para ti.
Simplemente lo ves.
Lo entiendes.
Y lo respetas.

Y eso, aunque suene simple, es jodidamente raro.

Por eso escribo esto.

Porque hay personas que pasan por tu vida sin hacer ruido… y hay otras que, sin darte cuenta, te obligan a bajar el ritmo, a prestar atención y a entender que lo importante no siempre se puede explicar. Personas con las que no hace falta aparentar nada. Con las que puedes estar en silencio sin sentirte incómodo. Con las que no necesitas demostrar constantemente quién eres.

Y cuando encuentras eso, lo sabes.

No hace falta ponerle nombre. No hace falta definirlo. No hace falta entender hacia dónde va.

Solo hace falta estar presente y decirle: fist my bump.

Mándaselo a esa persona que tienes ahora mismo en mente y dile que la quieres.

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La próxima vez que abraces a alguien que de verdad te importe, no seas tú quien corte el abrazo.

Quédate un segundo más de lo que te pide el cuerpo.

Y observa.

Si la otra persona también se queda… estás delante de algo que merece la pena cuidar.

Tú sabrás.

Creo que esto puede ayudarte

Tiny Victories

I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.

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