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Hay una gran mentira que nos tragamos a diario: Si el resultado es bueno, la decisión fue buena. Si el resultado es malo, la decisión fue mala. Nos encanta pensar así porque es sencillo y es muy cómodo. Pero es falso. La realidad es mucho más cruda: Puedes tomar una gran decisión y que todo salga mal. Y puedes tomar una mala decisión y que, por pura azar, todo salga bien. Lo que de verdad determina si tomas buenas decisiones no es el resultado. Es el proceso. Es la reflexión. Es la capacidad de analizar cómo decidiste y por qué. Si alguna vez te has roto la cabeza después de fallar, preguntándote cómo no lo viste venir, repitiendo en tu cabeza una y otra vez lo que deberías haber hecho… Entonces ya sabes de lo que hablo. Nosotros, como atletas, estamos acostumbrados a medirlo todo. El ritmo, el tiempo, los parciales, los vatios, las pulsaciones. Y está bien. Es necesario. Pero cuando el resultado no acompaña, nos olvidamos de todo lo demás y nos obsesionamos con el número final. Es fácil caer en la trampa de pensar que si el resultado fue malo, la decisión también lo fue. Pero eso no es necesariamente cierto. Ayer, Manu, uno de los atletas de FLOW Performance, vivió esto en carne propia. Había entrenado para bajar de las 3 horas. Tenía la preparación. Tenía el ritmo: 4:10 min/km durante 33 km. Pero la maratón pudo con él. ¿El resultado? No logró acabar la carrera. Pero en lugar de culpar al clima, al recorrido o a cualquier otro factor externo, Manu hizo lo más difícil: Asumió su responsabilidad. Entendió que, aunque el resultado no fuera el esperado, el proceso fue el correcto. Hizo todo lo que estaba en su mano. Se preparó. Lo dio todo. Y cuando el cuerpo dijo basta, lo aceptó. Eso es madurez. Eso es carácter. Y eso es lo que realmente cuenta. Lo mismo me pasó a mí ayer en mi mejor Half hasta la fecha. Iba volando. El ritmo de carrera era el soñado. Pero llegó el último tramo de la media maratón y me desinflé. La razón: no me hidraté lo suficiente. Un fallo táctico. Una mala decisión en mitad de la competición. ¿Me frustré? Claro. ¿Quería haberlo hecho mejor? Por supuesto. Pero no eché la culpa a la carrera, ni a las condiciones, ni a nada externo. Me senté, reflexioné y asumí que la cagada fue mía. Y ahí está la clave: aprender del fallo para que no vuelva a ocurrir. La sociedad está llena de gente que solo juzga por el resultado. Si logras lo que querías, te aplauden. Si fallas, te critican. Pero esas personas no entienden que una buena decisión no siempre garantiza un buen resultado. Lo importante no es si llegaste o no a la meta. Lo importante es el proceso que seguiste para intentarlo. Porque si el proceso es bueno, tarde o temprano los resultados llegarán. Y si el resultado fue bueno por pura suerte, no cuentes con que se repita. Hay algo que se está perdiendo últimamente: La capacidad de asumir la culpa cuando todo va mal. Es más fácil echarle la culpa al clima, al equipo, al entrenamiento. Es más fácil compararse con los que lo hicieron mejor. Pero el verdadero crecimiento empieza cuando te miras al espejo y dices: “Lo he hecho lo mejor que he podido, pero no ha sido suficiente. ¿Qué puedo mejorar?” Eso hizo Manu. Eso intento hacer yo. Eso es lo que nos hace crecer como atletas y como personas. No todas las buenas decisiones generan buenos resultados. Y no todos los malos resultados son el reflejo de una mala decisión. El éxito no es solo cruzar la meta. Es el proceso que te lleva hasta allí. El carácter que forjas en cada entrenamiento. La responsabilidad que asumes cuando las cosas no salen como querías. Y, sobre todo, la capacidad de volver a intentarlo mejor preparado. No hay victoria sin riesgo. No hay éxito sin errores. Si tomas decisiones valientes, algunas veces fallarás. Pero eso no significa que hayas tomado una mala decisión. Significa que estás intentando. Y eso ya te pone por delante de los que nunca lo intentaron. La próxima vez que falles, no te machaques. Revisa el proceso. Aprende. Y sal a buscar tu siguiente reto. Porque al final, el carácter no lo forman los éxitos. Lo forman los días en los que todo salió mal, pero tú decidiste no rendirte. Fallar no es el problema. No aprender de ello, sí. El jueves 13 de abril voy a mandar un correo donde contaré algo que he creado desde cero 👉🏽 Apúntate aquí si no quieres perdértelo Mis 3 tiny victories
Mi pregunta incómoda ¿Qué es lo mínimo que puedo hacer hoy para mejorar con respecto a lo que hice ayer? |
095: Una rebelión contra la... Jan 29 · tiny victories. 4:01 Hay algo que llevo tiempo viendo y que cada vez me cuesta más ignorar.El sector del entrenamiento está en horas bajas. Mucho ruido. Mucho postureo. Mucha promesa vacía. Programas baratos, procesos mediocres y servicios que confunden profesionalidad invirtiendo más horas en la puesta en escena, que en la calidad de lo que ofrecen. Y lo peor no es eso. Lo peor es que lo hemos normalizado. Yo no soy de quejarme. Nunca lo he sido. Odio...
094: Quién eres cuando nadie... Jan 25 · tiny victories. 5:05 El sábado, volviendo de Andorra solo en el coche, me di cuenta de algo que —aunque llevo años diciendo—, solo entiendes de verdad cuando bajas un poco el ruido: todo pasa por tu identidad.No por objetivos.No por motivación.Por tu identidad.James Clear lo explica mejor que nadie: no escribes un libro porque te obligas a escribir una hora al día.Eso es el final de la historia, no el principio.El principio es otro: soy escritor.Y...
093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...