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Hoy escribo desde Florencia. Disculpad el retraso en la entrega, pero ayer entre el vuelo y visitar la ciudad, no me dio tiempo a terminar de escribir. Llevo apenas un día y puedo confirmar que esta ciudad tiene un encanto especial. Ayer con tan solo un pequeño paseo, pude hacerme una idea de lo que significó esta ciudad durante el Renacimiento. El estatus social La división de la sociedad en diferentes clases sociales ha existido desde que el hombre es hombre. Ya fuera por ver quien era el más fuerte, quien tenía más comida, a la mujer más guapa, el coche más caro, el vestido más llamativo, la casa más grande, el trabajo mejor pagado o desgraciadamente, el mayor puñado de likes. El estatus se puede definir como la posición o posición de una persona en relación con otra persona o grupo. Es una forma básica de moneda social: dicta nuestras interacciones con quienes nos rodean. Y ayer descubrí una historia en relación con esto mientras paseaba por las calles de Florencia. El Corredor Vasari fue encargado por el Gran Duque Cosimo I en 1564. El pasaje va desde el Palazzo Vecchio (entonces llamado Palazzo della Signoria), sigue a través de los Uffizi, pasa sobre el Ponte Vecchio, continua sobre el frente de una iglesia, y finalmente en los Jardines de Boboli, que están al lado del Palacio Pitti donde el Duque vivía con su esposa y su familia. Entre otros usos, el corredor servía para que las familias más adineradas y la burguesía se juntaran con la plebe. Y probablemente aquí estás tú, leyéndome, con un pequeño "vacío" por no saber expresar con claridad, ese sentimiento de pertenencia. A día de hoy, en la época con mayor libertad para poder elegir "sin represalias" y desgraciadamente, seguimos dejando que el qué dirán, los likes o la mera aprobación de los demás sobre nuestros actos, incline la balanza hacia un lado u otro. Es momento de aprender a navegar. Un marinero, no puede controlar el viento. Sin embargo, juega con él para encontrar el ritmo y la dirección correcta. En el momento en el que te haces consciente de que no tienes control sobre factores externos como la opinión de los demás, empiezas a tomar mejores decisiones y a coger las riendas de tu vida, sin necesidad de pararte a pensar en el dichoso "qué dirán". Quizá haya cierto punto de egocentrismo encubierto en mis palabras, no lo voy a negar. Pero como siempre, prefiero ir a contracorriente del pensamiento ajeno y romper una lanza a favor del pobre y tan machacado ego. No es tan malo como lo pintan. Y muy necesario en según qué casos. El día del estreno de la novena sinfonía de Beethoven, tuvieron que darle la vuelta al propio compositor, ya que de la sordera no escuchaba los aplausos del público. Dos lecturas que puedes sacar de esto:
Haz lo mismo. Mis 3 tiny victories de esta semana
Mi pregunta incómoda Hoy te dejo con dos para que sepas discernir, si la decisión que estás a punto de tomar es de cara a los demás o hacia ti mismo:
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095: Una rebelión contra la... Jan 29 · tiny victories. 4:01 Hay algo que llevo tiempo viendo y que cada vez me cuesta más ignorar.El sector del entrenamiento está en horas bajas. Mucho ruido. Mucho postureo. Mucha promesa vacía. Programas baratos, procesos mediocres y servicios que confunden profesionalidad invirtiendo más horas en la puesta en escena, que en la calidad de lo que ofrecen. Y lo peor no es eso. Lo peor es que lo hemos normalizado. Yo no soy de quejarme. Nunca lo he sido. Odio...
094: Quién eres cuando nadie... Jan 25 · tiny victories. 5:05 El sábado, volviendo de Andorra solo en el coche, me di cuenta de algo que —aunque llevo años diciendo—, solo entiendes de verdad cuando bajas un poco el ruido: todo pasa por tu identidad.No por objetivos.No por motivación.Por tu identidad.James Clear lo explica mejor que nadie: no escribes un libro porque te obligas a escribir una hora al día.Eso es el final de la historia, no el principio.El principio es otro: soy escritor.Y...
093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...