Del propósito, el sentido de la vida y la verdadera tenacidad



Del propósito, el sentido de la vida y la verdadera tenacidad
tiempo de lectura 8 minutos

disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 25, 2026


show
122: Del propósito, el senti...
May 25 · tiny victories.
8:17
Spotify Logo
 


Hay semanas en las que escribir se me hace bola y siento hasta que me parece una falta de respeto.

No porque no haya nada que decir, sino todo lo contrario, porque hay demasiado. Porque a veces todo ocurre en menos de lo que dura un parpadeo y cualquier intento de ordenar lo que sientes se queda corto. Esta última semana ha sido una de esas. Una semana en la que se juntó el fallecimiento de mi abuela, el silencio raro que deja una persona cuando se va, y el golpe seco de quedarme a una sola plaza de clasificarme para el Mundial después de hacer, probablemente, la mejor carrera de mi vida.

Y no sé muy bien cómo se escribe sobre eso sin sonar dramático, sin buscar pena, sin convertirlo en una lección empaquetada con un lazo bonito para que parezca que todo tiene sentido demasiado pronto. Porque hay cosas que no tienen sentido en el momento en el que ocurren. Hay cosas que solo duelen. Hay carreras que haces perfectas y aún así no son suficientes. Hay sueños que llevas persiguiendo años, que por primera vez parecen estar ahí, al alcance de la mano, y aun así se escapan por un margen ridículo. Hay personas que se van y te obligan a mirar la vida desde otro sitio, con menos prisa y con menos tonterías. A bajar un par de marchas y revoluciones.

Creo que por eso no he escrito esta semana.

Porque necesitaba un poco de silencio y aburrimiento.

Necesitaba escuchar qué estaba pasando dentro de mí. Para no correr a convertir el dolor en contenido. Para no fingir que tenía una conclusión clara cuando lo único que tenía era ruido. Mucho ruido. Pensamientos desordenados. Preguntas incómodas. Rabia. Gratitud. Tristeza. Orgullo. Vacío. Esa sensación extraña de haberlo dado todo y, aun así, quedarte mirando una puerta que nunca llegó a abrirse.

Estos días he pensado mucho en el propósito. Pero no en esa versión barata del propósito que se vende como si todo el mundo tuviera que levantarse cada mañana con una misión tatuada en el pecho. Hablo de algo más sencillo y bastante más crudo. Hablo de esa razón interna que hace que sigas caminando cuando nada garantiza que el resultado vaya a llegar. Esa fuerza que no te quita el dolor, pero te permite sostenerlo sin romperte del todo. Ese hilo invisible que aparece cuando la vida te enseña su lado más despiadado y te pregunta, sin demasiada delicadeza, quién eres cuando no consigues lo que querías.

Porque quizá el propósito no sea una respuesta. Quizá sea una forma de permanecer.


Viktor Frankl decía que la felicidad no se persigue directamente, que aparece como consecuencia de algo más profundo. Y cada vez lo entiendo más. No creo que la vida se llene persiguiendo placer, comodidad o validación. Eso puede distraerte un rato, pero no te sostiene cuando algo se rompe. Lo que te sostiene es crear algo que importe, amar algo o a alguien con suficiente profundidad como para salir de ti mismo, contemplar la belleza de la vida incluso cuando duele, y, quizá lo más difícil de todo, ser capaz de extraer significado del sufrimiento cuando no puedes evitarlo para no hacer del dolor una medalla.

Para que cuando llegue, porque te aseguro que la vida siempre acaba llegando, puedas preguntarte qué vas a hacer con él.

Ahí es donde creo que empieza la verdadera fortaleza mental. No en poner cara de póker. No en decir que todo está bien cuando no lo está. No en subir una frase intensa a Instagram para que parezca que eres invencible. La fortaleza mental real es bastante menos estética. Es mirar de frente lo que ha pasado y no mentirte. Es aceptar que estás triste, dolido, cansado o frustrado, sin usarlo como excusa para abandonar la persona que estás intentando construir. Es permitirte sentir sin convertir cada emoción en una sentencia definitiva sobre tu vida.

Durante años he pensado que la tenacidad era la capacidad de seguir apretando cuando el cuerpo quería parar. Y en parte lo es. En una carrera larga lo ves con una claridad brutal. El cuerpo empieza a negociar contigo mucho antes de estar realmente vacío. Te dice que aflojes, que pares, que ya has hecho suficiente, que no merece la pena sufrir más. Pero muchas veces no estás en cero. Estás en una zona protegida por tu propio cerebro. Una alarma diseñada para que no te destruyas. Y ahí entra algo que no se mide en vatios, ni en ritmo, ni en lactato: tu porqué.

Cuando algo importa de verdad, empujas un poco más cerca del límite.


No porque seas especial. No porque tengas una genética emocional superior. Sino porque tu cerebro interpreta que ese esfuerzo tiene sentido. Que hay algo al otro lado que justifica acercarte más al borde del precipicio. Eso ocurre en el deporte, pero también ocurre en la vida. Una persona aguanta más cuando sabe por qué aguanta. Una madre, un padre, un atleta, un creador, alguien atravesando un duelo, alguien reconstruyéndose después de una pérdida, alguien peleando por una vida más honesta. El propósito no elimina la fatiga, pero cambia la relación que tienes con ella. No hace que duela menos, pero hace que el dolor deje de parecer inútil.

Y creo que esa es la parte que más me ha removido estos días.

Porque quedarme a una plaza no me ha hecho dudar de si merece la pena. Me ha hecho verlo con más claridad. Me ha dolido, claro. Mucho. Sería absurdo fingir lo contrario. Pero también me ha recordado que no estoy haciendo esto solo por una plaza, por un Mundial o por una clasificación. Eso sería demasiado frágil. Si todo mi sentido dependiera de cruzar una línea exacta en una clasificación, entonces estaría construyendo mi vida basándome en un resultado.

Mi sueño sigue siendo ir al Mundial. Eso no cambia.

Pero mi propósito no puede depender únicamente de que ese sueño llegue cuando yo quiero.

Mi propósito tiene que estar en la persona en la que me convierto persiguiéndolo. En la manera en la que entreno a diario. En cómo respondo cuando la vida me pone en mi sitio. En cómo trato a la gente cuando estoy frustrado. En cómo sigo creando algo que pueda ayudar a otros incluso cuando yo también estoy intentando entenderme. En cómo soy capaz de encarar una semana dura y no usarla para endurecerme por fuera, sino para ser un poco más honesto por dentro.

Porque la vida, por desgracia o por suerte, no siempre te da lo que mereces. No siempre te premia en el momento justo. No siempre respeta tu narrativa. A veces haces todo bien y aun así pierdes. A veces llegas en la mejor forma de tu vida y aun así te quedas fuera. A veces quieres celebrar algo y al mismo tiempo estás despidiendo a alguien. A veces el orgullo y la tristeza se sientan en la misma mesa y tienes que aprender a convivir con ambos sin volverte loco.

Y quizá madurar sea precisamente eso.

Dejar de exigirle a la vida que tenga sentido antes de seguir viviendo.

Estos días también he pensado mucho en esa idea falsa de la dureza mental. Durante años nos han vendido que ser fuerte era no sentir, no dudar, no llorar, no temblar, no necesitar a nadie. Como si la fortaleza fuera una especie de armadura permanente. Pero cuanto más vivo, más entreno, más compito y más me equivoco, más claro tengo que esa dureza no aguanta cuando la vida se pone seria. Sirve para parecer fuerte, no para serlo.

La fortaleza real es más cruda.

Es aceptar lo que eres y lo que estás viviendo sin maquillarlo. Es no huir de tu cabeza cuando se llena de ruido. Es escuchar tus emociones como información, no como órdenes. Es sostener la tensión entre lo que querías que pasara y lo que realmente pasó. Es no dejar que una derrota te convierta en alguien cínico. Es no dejar que una pérdida te cierre el corazón. Es no dejar que el dolor te robe la capacidad de seguir creyendo.

No sé si esta semana me ha hecho más fuerte.

Pero sí creo que me ha hecho un poco más consciente.

Supongo que esta entrada no tiene una conclusión perfecta.

Tan solo un sigo aquí, con dolor, con orgullo, con preguntas, con ganas, con frustración, con gratitud y con una certeza muy simple. Hay cosas que merecen la pena aunque no salgan cuando tú quieres. Hay caminos que tienen sentido incluso antes de llegar al destino. Hay sueños que no se abandonan solo porque hayan dolido. Y hay semanas en las que la pequeña victoria no es avanzar mucho, ni rendir más, ni demostrar nada.

A veces la pequeña victoria es no huir.

Sentarte con lo que ha pasado.

Mirarlo de frente.

Y seguir siendo tú.


Tiny Tool

Esta semana no intentes encontrar una gran respuesta. Solo escribe una frase honesta a esta pregunta:

¿Qué parte de mi vida seguiría teniendo sentido aunque el resultado que deseo tardara más de lo que esperaba?

Escríbela y no se lo cuentes a nadie.

Es nuestro pequeño secreto.

Creo que esto puede ayudarte

Tiny Victories

I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.

Read more from Tiny Victories

La educación también se entrenatiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 4, 2026 125: La educación también se... Jun 4 · tiny victories. 6:56 Ayer por la mañana casi fallo mi entrenamiento incluso antes de empezar a nadar. Y no por fatiga, ni por falta de ganas, ni por una mala noche de sueño.Sino por una señora de unos 60 años metida en el carril rápido de la piscina. Los que nadáis en piscinas públicas, aunque sean de gimnasios privados, sabéis perfectamente de qué...

Una vida con sentido(solo necesitas 4 cosas)tiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 1, 2026 124: Una vida con sentido Jun 1 · tiny victories. 6:54 Desde siempre, he pensado que es el libro quien elige el momento oportuno de que lo leas. Por eso, hay textos que no lees. Te encuentran. Aparecen justo cuando llevas semanas intentando ordenar algo que no sabes muy bien cómo explicar. Justo cuando has pasado por demasiadas idas y venidas internas. Justo cuando la vida...

Cuando hacer más deja de ser la solucióntiempo de lectura 8 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 29, 2026 123: Cuando hacer más deja d... May 29 · tiny victories. 8:40 Hay conversaciones que no te dan una respuesta, pero te dejan sin escapatoria. Hace unos días tuve una de esas conversaciones con una amiga. Una conversación que empezó hablando de entrenamiento, rendimiento, objetivos, negocio, presión, psicología deportiva y acabó tocando una herida que, en el fondo, ya sabía que...