El coste de oportunidad de vivir sin excusas


Primera semana del training camp completada.

Nunca me había encontrado en un punto de forma así.

Es una locura lo que estoy aprendiendo, la experiencia que me estoy llevando

y las ganas que tengo de sacar a relucir todo esto en competición.

Entrenar como un atleta de élite es literalmente lo más parecido a una mili.

Aquí la disciplina no es algo de lo que se presuma.

Es una obligación.

El sábado hablaba con un buen amigo sobre el valor de la disciplina.

Quiero compartirte algunas de las reflexiones que sacamos, por si te ayudan.

La vida es cuestión de decisiones y, sobre todo, de asumir el precio que conllevan.

Decir “no” es mucho más que rechazar algo:

es elegir lo que realmente importa.

Aprender a vivir con los descartes no es fácil, pero es indispensable si quieres ser dueño de tu camino.

No se trata de negar tus frustraciones o esconder tu vulnerabilidad.

Quejarse es humano, pero quedarte estancado en la queja te roba la oportunidad de crecer.

Esa sensación de “estar en la mierda”,

esa realidad cruda y dolorosa,

es precisamente el terreno fértil donde se forja la disciplina.

Cuando decides asumir tus prioridades y dejar de buscar excusas,

te obligas a enfrentarte a ti mismo,

a mirarte en el espejo sin filtros.

Y eso, acojona.

Sin embargo, asumir esa vulnerabilidad,

mejor dicho, aceptarla, es una auténtica fortaleza.

Te pone en tu sitio y te recuerda que cada fracaso es, en realidad, una lección.

Solo tú sabes lo que se siente al caer en esos abismos,

y es ahí donde se decide si vas a quedarte lamentándote o si te levantarás y seguirás pedaleando.


Todos tratamos de compensar esa sensación de separación con el mundo.

Algunos lo hacen a través de la escritura,

otros se retan en un Ironman,

la lectura, la cocina o hasta en el workaholismo.

En mi caso, elegí el Ironman.

Pero no fue la competencia o el premio final lo que me impulsó,

sino la necesidad de dejar de huir de mí mismo.

En una sesión con mi psicóloga entendí que escapar era lo opuesto a vivir.

Aplicar la regla de “no quejarte” me obligó a mirar adentro y aceptar que,

aunque me avergüence y sienta miedo, quiero vivir de verdad.


No se trata de ser competitivo con los demás,

sino de demostrarte a ti mismo que eres capaz de superar cualquier obstáculo.

Como dice mi amigo Alberto,

cuando te enfrentas a tus miedos,

puedes decir con orgullo: ¡cómo mola vivir!

Esa declaración no es una muestra de arrogancia,

sino el reconocimiento honesto de que, a pesar de todo, decides seguir adelante.


Mis 3 tiny victories

  1. Completar una semana de entrenamiento de más de 20 horas.
  2. Hacer más de 230km en bici en menos de 7 horas.
  3. Mantener mi negocio y mis otras líneas de acción y creación de contenido intactas.

Mi pregunta incómoda

Hoy te invito a reflexionar: ¿estás listo para decir no a lo que no suma, para establecer tus prioridades y dejar de quejarte?

La verdadera victoria no está en evitar la mierda,

sino en aprender a pedalear a través de ella,

con la frente en alto y la convicción de que cada caída te acerca a tu mejor versión.

Tiny Victories

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