Esto me estuvo frenando durante años


Otro lunes más por aquí.

Y me he prometido no fallarme durante las 52 semanas de este año.

Espero que hayas tenido un finde tranquilo y hayas aprovechado el tiempo de la manera que más te haya apetecido.

Aquí nadie va a juzgarte.

Se vienen 10 días intensos, donde espero llevarme grandes aprendizajes.

Voy a estar de concentración en Benicàssim con 5 profesionales.

Ya sabes, aquello de preferir ser cola de león que cabeza de ratón.

Pero en su máxima exponencia.

Estoy con la ilusión de un niño la noche de antes de estrenar sus nuevas botas de fútbol y a la vez,

con esa voz en mi cabeza queriéndome convencer de que no voy a estar a la altura.

Es gracioso, cómo se cambian las tornas a medida que crecemos y vamos madurando nuestra consciencia.

Mi yo de hace 25 años no tenía esas voces que tengo ahora.

Solo quería jugar, descubrir, fantasear, imaginar, crecer.

Y me atrevo a decir, si me lo permites, que el tuyo tampoco.

Y sin embargo, aquí estamos, otro día más dejando que esas voces sigan juzgando nuestros pasos.

En mi caso, llevo ya unos años en los que con trabajo,

mucho trabajo,

he domado a dichas voces, para que simplemente estén ahí,

pero no molesten.

Según ellas, no debería haber escrito un libro.

No debería haber terminado un Ironman.

Ni tan siquiera haber dejado todo atrás y haber montado mi empresa.

Incluso si por ellas fuera, no habría cruzado el charco y habría clasificado para un Mundial.

Claro, si por ellas fuera.

Estuve durante 29 años de mi vida haciéndolas caso y contándome la misma historia a diario.

No puedes.

Pero descubrí que la calidad de las historias que nos contamos,

impacta directamente en la calidad de nuestra vida.

Es una cuestión de identidad.

Si te dices a ti mismo que no eres capaz, no lo intentarás.

Si te dices a ti mismo que no vales la pena, no lo intentarás.

Si te dices a ti mismo que nunca llegarás lejos, nunca intentarás crecer.

A menudo, lo que te detiene no es la dificultad de conseguir algo,

sino la facilidad con la que te sigues contando la misma historia de siempre.

Las historias que te cuentas a ti mismo pueden frenarte o impulsarte.

No hay término medio.

Después de 30 años, por fin puedo reescribir una historia errónea que me conté a mí mismo.

Soy escritor y autor de un libro.

He completado no uno, sino cuatro Ironman.

Voy a competir en un Mundial, con los mejores del mundo.

Soy capaz.

Y no es ego.

Es determinación.

Es disciplina.

Es creer en uno mismo.

Y mira, siendo sincero, creo que ahora te toca a ti:

Gracias a mi servicio en FLOW, vas a poder reescribir la historia que te cuentas a ti mismo.

Se trata de identificar las cosas que realmente te importan,

y luego tomar las medidas necesarias para construir tu vida en torno a esas cosas.

No las cosas que la sociedad te dice que deberían importarte,

no las cosas que tus padres te dicen que deberían importarte,

no las cosas que las redes sociales te dicen que deberían importarte...

sino lo que realmente te importa.

FLOW, te ofrecerá una rara combinación de información y acción,

para que puedas crear un cambio real y significativo en tu vida.

Voy a abrir las últimas 5 PLAZAS hasta septiembre.

Tú decides.

Puedo ayudarte.

Ah y por cierto, esto me ayudó mucho a manejar mejor a los monstruos y voces de mi cabeza:

La persona que tienes delante del espejo es con la que vas a pasar el resto de tu vida.
Procura no perder su respeto.

El primer paso está en este enlace.

Mis 3 tiny victories

  1. Empezar mis clases de francés.
  2. Volver a cocinar.
  3. Tener conversaciones incómodas con mi familia.

Mi pregunta incómoda

Si tu yo del futuro te conociera hoy, ¿te daría las gracias o te odiaría?

Tiny Victories

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