Las historias que te cuentas a ti mismo


Espero que hayas pasado un fin de semana espectacular.

Ya no queda nada para que empecemos a disfrutar cada vez más de seguido del buen tiempo,

una cerveza bien tirada en una terraza de Madrid,

la hora del vermut,

un café en buena compañía.

Y por supuesto, muchos kilómetros entrenando de corto o sin camiseta.

Ayer celebramos en mi familia el cumple de mi sobrina.

Estuve un rato jugando con ella y los otros tres mosqueteros y me quedé observándoles un rato.

Bendita inocencia de los niños.

Y allí, sentado en a los pies de la cama,

me quedé embobado viéndoles jugar y montarse sus propias películas e historias de aventuras.

No necesitan muchos recursos para pasar de correr entre dinosaurios,

surcar los mares cual piratas o conquistar el espacio a los mandos de una nave interestelar.

Me recordó a la escena del metro de la película "En busca de la felicidad".

¿Te suena?

Así como cuando somos niños, creamos y nos contamos historias de vaqueros y superhéroes,

de mayores tendemos a crearnos historias que tienden más al aburrimiento y a ponernos límites.

Hay una historia que probablemente hayas escuchado antes.

Año 1519, Hernán Cortés desembarca en México con sus hombres y,

ante la incertidumbre del futuro, toma una decisión radical:

quemar sus propios barcos.

Sin posibilidad de huir, la única opción era avanzar.

No había un plan B.

Solo quedaba ir hacia adelante.


Ahora, pregúntate:
¿cuántos barcos sigues guardando por miedo a no poder avanzar sin ellos?

Porque, aunque no lo notes, todos llevamos barcos invisibles: las historias que nos contamos a nosotros mismos.

“No soy lo suficientemente fuerte.”

“Nunca fui bueno en esto.”

“No estoy hecho para lograrlo.”


Esas historias crean tu realidad.

No porque sean verdad, sino porque te las repites tanto que terminas creyendo en ellas.

Son la estructura mental con la que te justificas, te proteges y, muchas veces, te limitas.

Y aquí está el problema:

una vez que adoptas una historia, empiezas a modificar la realidad para encajar en ella.

Si crees que no eres disciplinado, cualquier fallo es una prueba de que tenías razón.

Si piensas que no mereces algo, buscarás señales que lo confirmen.

Te encadenas a una narrativa que te mantiene en el mismo sitio.


La verdadera batalla no está afuera.

Está dentro.

En cada historia que decides conservar y en cada historia que decides quemar.

Así que, ¿qué pasaría si hoy quemas los barcos que te mantienen atrapado?

Avanzar no siempre es cuestión de fuerza o talento.

A veces, solo es cuestión de prender fuego a las excusas y recuperar el niño que llevas dentro.

Mis 3 tiny victories

  1. Pasar tiempo con mi familia.
  2. Seguir escribiendo esta newsletter todas las semanas sin fallar.
  3. Leer todos los días mínimo 20 páginas.

Mi pregunta incómoda

¿Qué pasaría si dejas de contarte la historia de que no puedes y empiezas a actuar como si no hubiera otra opción?

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