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Ya llevo una semana y lo estoy consiguiendo. Estoy bajando el uso de media del teléfono, aunque aún estoy lejos del uso que quiero darle y sigo más apegado de lo que me gustaría. Aún así, estoy progresando. ¿Qué estoy haciendo?
Espero que te ayude alguna de estas cosas que estoy implementando. Hazlas tuyas e improvisa y si se te ocurre algo que pueda ser de utilidad, escríbeme y lo comparto en la próxima entrada.
Los entrenamientos de mierdaTiempo de lectura 5 minutos Cézanne tardó años en dar por terminados algunos de sus cuadros. Y cuando digo años, digo años de volver al mismo lienzo, corregir un matiz, tocar una sombra, cambiar un tono casi imperceptible. Beethoven hacía algo parecido. Sus partituras no eran limpias y elegantes. Eran un campo de batalla: tachones, anotaciones en los márgenes, frases reescritas una y otra vez. No porque no supiera lo que hacía. Sino porque sabía exactamente lo que quería escuchar… y aún no estaba ahí. A los dos se les podría haber llamado obsesivos. Inseguros. Incapaces de soltar. Pero lo que había debajo no era miedo. Era un estándar. Cuando profundicé en sus historias, aprendí una lección que puede que al principio duela un poco, pero creo que te servirá. El perfeccionismo no es el enemigo. El enemigo es conformarte antes de tiempo. Hay un perfeccionismo tóxico, sí. El que te paraliza. El que te hace esperar a que todo esté listo. El que te susurra que no publiques, que no empieces, que no te expongas hasta que sea impecable. Pero hay otro. El que te hace empezar aunque no sea perfecto. El que te obliga a revisar, a repetir, a pulir. El que nace del respeto por lo que haces. Porque la verdadera exigencia no consiste en apretarte hasta romperte. Eso nada tiene que ver con la disciplina, sino con un ego descontrolado. La verdadera exigencia es saber cuándo insistir y cuándo parar para poder seguir mañana. Es cambiar el tengo que por el elijo hacerlo. Es entender que nadie va a venir a salvar tu estándar si tú lo rebajas. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto contigo? Que muchos de vosotros os estáis escondiendo detrás de la etiqueta de soy muy perfeccionista, cuando en realidad lo que hay es miedo a no estar a la altura. Y otros estáis haciendo lo contrario: os llamáis prácticos cuando en el fondo os habéis acomodado en lo suficiente. En el entrenamiento lo veo cada semana. Gente que no empieza hasta tener el plan ideal. O gente que entrena sin intención, repitiendo lo básico sin querer mejorar un detalle más. El progreso real no es espectacular. Es aburrido. Es repetir una técnica hasta que salga limpia. Es ajustar un 1% cada semana. Es aceptar que habrá sesiones mediocres… y seguir picando piedra. Ayer sin ir más lejos, en uno de los directos que hacemos en la comunidad de FLOW, hablamos sobre la gestión mental antes de una competición. Compartí con todos los atletas una herramienta que a mí me ayuda mucho, la llamo los entrenamientos de mierda. Tengo una lista con todos los entrenamientos que a lo largo de una preparación, no me han salido como esperaba. Me apunto el entrenamiento, el día, la hora y mis sensaciones. No vuelvo a acudir a esa lista hasta el día antes de competir. Ese día los repaso y me apunto algunos en el brazo para que cuando al día siguiente esté a punto de abandonar o tirar la toalla, recuerde de donde vengo y todo lo que me ha costado llegar hasta estar ahí, sufriendo y disfrutando a partes iguales. Lo que te transforma no es alcanzar la perfección. Es no detenerte. Si estás esperando el momento perfecto para empezar, entonces ya estás perdiendo. Si estás dispuesto a empezar hoy, aunque sea torpe, y mejorar sobre la marcha, entonces estás mucho más cerca de lo que crees. La próxima pequeña victoria no será brillante. Pero puede ser el inicio de algo grande. |
I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
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