No corras una maratón
|
|
Tu cabeza no es un ordenador.
No hay un pequeño CEO sentado dentro de tu cráneo revisando informes, cruzando datos, escuchando todas las opiniones internas y tomando la decisión más inteligente posible para tu vida.
Ojalá.
Sería bastante cómodo. Pero no funciona así.
Tu cabeza es más bien una mesa de bar a las tres de la mañana, con siete versiones distintas de ti discutiendo a la vez, cada una convencida de tener razón, cada una con información incompleta y cada una intentando agarrar el volante antes que las demás. Una parte de ti quiere entrenar. Otra quiere quedarse en la cama. Una parte de ti sabe que correr una maratón exige meses de trabajo silencioso. Otra solo quiere subir la foto bonita con la medalla, las gafas de sol, las zapatillas caras y el outfit perfectamente calculado para parecer que todo ha sido fácil. Una parte de ti quiere cambiar. Otra quiere seguir igual, pero sin pagar el precio de seguir igual.
Y ahí empieza el problema. Porque durante mucho tiempo nos han vendido que la mentalidad consiste en repetir frases positivas delante del espejo hasta que tu cerebro se las crea.
Haz como que puedes hasta que puedas. Haz como que eres fuerte hasta que seas fuerte. Haz como que confías hasta que confíes. Suena bien. Queda bien en una taza y funciona de puta madre en un reel de quince segundos.
Pero en la vida real, cuando estás en el kilómetro treinta y dos de una maratón, cuando las piernas empiezan a apagarse, cuando el estómago se cierra, cuando el cuerpo deja de negociar contigo y empieza a hablarte claro, tu cerebro no se traga cualquier mierda que le sueltes. No puedes engañarte con frases que no crees.
Y esto es importante.
Porque ayer —mejor dicho, este domingo 26 de abril— el mundo del running volvió a ponerse en el centro de las miradas. Madrid celebró su maratón con decenas de miles de personas en la calle, y Londres vivió una locura histórica: Sabastian Sawe ganó el Maratón de Londres en 1:59:30, convirtiéndose en la primera persona en bajar oficialmente de las dos horas en una maratón homologada, mientras Yomif Kejelcha también bajó de las dos horas con 1:59:41 en su debut en la larga distancia.
Una auténtica salvajada.
Pero también es peligroso si solo miramos la superficie. Porque ahora todo el mundo quiere correr. Todo el mundo quiere una maratón. Todo el mundo quiere decir que está preparando un Ironman. Todo el mundo va en busca de escuchar esas 4 palabras mágicas y recoger su medalla. Pero muy poca gente quiere enfrentarse a la conversación real que hay detrás.
La de entrenar cuando no apetece.
La de aceptar que no estás preparado todavía.
La de aprender a comer mejor no para verte más fino en una foto, sino para no reventar en mitad de una tirada larga.
La de dormir cuando tus colegas siguen despiertos.
La de bajar el ritmo cuando tu ego quiere ser el protagonista.
La de parar cuando no puedes más y tener que apretar cuando lo más lógico sería tirar la toalla.
La de hacer las cosas por y para ti, no para que los demás vean que las estás haciendo.
Porque una maratón, un Ironman o cualquier prueba de media o larga distancia no es moco de pavo. No es una excusa para comprarte unas gafas nuevas y subir una historia con música motivacional. Es una conversación muy seria entre tu cuerpo, tu cabeza y tu identidad. Y si no has trabajado cómo te hablas, esa conversación puede ser muy desagradable.
Steve Magness lo explica muy bien en Do Hard Things: la dureza mental no consiste en callar todas las voces internas y seguir como un animal hasta romperte. Consiste en aprender a escuchar, distinguir y responder. Porque no todas las voces de tu cabeza son enemigas.
A veces la voz que te dice para te está salvando de una lesión.
A veces la voz que te dice puedes más te está recordando que aún te queda energía para rato.
A veces la voz que te critica no quiere destruirte, solo está señalando el camino que no has de volver a transitar.
Y a veces la voz positiva es simplemente una mentira barata intentando tapar una inseguridad que no has querido mirar de frente.
La clave no es hablarte siempre bonito sino hablarte de forma útil.
Eso lo cambia todo.
Porque decirte “soy imparable” cuando no has entrenado bien, no has dormido, no has comido correctamente y estás improvisando una preparación de mierda no es mentalidad. Es autoengaño. Pero decirte “esto va a doler, pero ya he estado aquí antes, sé lo que tengo que hacer, baja los hombros, respira, come, sigue hasta el siguiente avituallamiento y luego vuelves a decidir” es otra cosa. Y ahí está la diferencia entre la positividad vacía y el diálogo interno trabajado. Uno intenta anestesiar la realidad. El otro te ayuda a atravesarla.
Por eso cada vez estoy más en contra del “fake it until you make it”. Porque tu cerebro no es idiota. Si no hay evidencia detrás, si no hay pequeñas victorias acumuladas, si no hay entrenamientos hechos, decisiones sostenidas, conversaciones incómodas y compromisos cumplidos, tu cabeza lo sabe. Puedes gritarte todo lo que quieras que eres fuerte. Pero si llevas meses fallándote, una parte de ti no te va a creer. Y con razón.
La confianza no se inventa. La confianza se construye.
Se construye cuando haces lo que dijiste que ibas a hacer.
Se construye cuando entrenas sin que nadie lo vea.
Se construye cuando eliges la decisión correcta aunque nadie te aplauda.
Se construye cuando dejas de utilizar el deporte como escaparate y empiezas a utilizarlo como espejo.
Porque el cuerpo es eso, un espejo, no solo de tu estética, sino de tu discurso interno tu disciplina, tus excusas, tu paciencia. Y quizá por eso la larga distancia engancha tanto. Porque no puedes esconderte.
La próxima vez que estés en una situación difícil, no intentes motivarte con una frase que no crees. Prueba a hablarte en tercera persona e incluso si te atreves, hazlo en voz alta.
Cambia el “yo” por tu nombre.
No digas: “No puedo más.”
Di: “[Tu nombre] está pasando por un momento difícil, pero puede tomar una buena decisión ahora.”
Parece una tontería, pero no lo es.
Separarte un poco de la situación te ayuda a verte desde fuera, como si estuvieras aconsejando a un amigo, y muchas veces eso es justo lo que necesitas: menos drama, menos ego y más claridad.
![]() |
I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.
La educación también se entrenatiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 4, 2026 125: La educación también se... Jun 4 · tiny victories. 6:56 Ayer por la mañana casi fallo mi entrenamiento incluso antes de empezar a nadar. Y no por fatiga, ni por falta de ganas, ni por una mala noche de sueño.Sino por una señora de unos 60 años metida en el carril rápido de la piscina. Los que nadáis en piscinas públicas, aunque sean de gimnasios privados, sabéis perfectamente de qué...
Una vida con sentido(solo necesitas 4 cosas)tiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 1, 2026 124: Una vida con sentido Jun 1 · tiny victories. 6:54 Desde siempre, he pensado que es el libro quien elige el momento oportuno de que lo leas. Por eso, hay textos que no lees. Te encuentran. Aparecen justo cuando llevas semanas intentando ordenar algo que no sabes muy bien cómo explicar. Justo cuando has pasado por demasiadas idas y venidas internas. Justo cuando la vida...
Cuando hacer más deja de ser la solucióntiempo de lectura 8 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 29, 2026 123: Cuando hacer más deja d... May 29 · tiny victories. 8:40 Hay conversaciones que no te dan una respuesta, pero te dejan sin escapatoria. Hace unos días tuve una de esas conversaciones con una amiga. Una conversación que empezó hablando de entrenamiento, rendimiento, objetivos, negocio, presión, psicología deportiva y acabó tocando una herida que, en el fondo, ya sabía que...