O te adaptas o estás fuera



72 horas para dar el pistoletazo de salida a la temporada 2025.

Me he prometido que este año lo voy a disfrutar como ningún otro.

Pase lo que pase.

Aunque manejar la incertidumbre es complicado.

La incertidumbre siempre ha estado ahí.

Antes, ahora y siempre.

Nos guste o no, es lo único seguro.

¿Quieres un ejemplo?

Piensa en cualquier momento en el que te planteaste un reto que para ti fuera mayúsculo:

La primera vez que decidiste prepararte para una maratón.

El día en que te comprometiste a entrenar para tu primer Ironman.

Ese momento en el que dijiste en voz alta que ibas a cruzar una línea de meta que parecía imposible.

El futuro parecía incierto.

Dudaste de si tu cuerpo aguantaría.

De si encontrarías el tiempo para entrenar.

De si serías capaz de hacerlo.

¿Y qué hiciste?

Tomaste acción.

Te ataste las zapatillas, saliste a correr.

Fuiste a la piscina aunque estuvieras muerto de sueño.

Te subiste a una bici con frío, viento o lluvia.


Porque entendiste una cosa:

La incertidumbre no se vence esperando que pase.

Se vence enfrentándola.

Como diría un competidor de 83 años que conocí una vez en el Ironman de Cozumel:

"Yo no corro maratones, corro un kilómetro 42 veces."


EL VIEJO MODELO ESTÁ ROTO

Durante mucho tiempo pensé que para enfrentar la incertidumbre necesitaba tener un plan perfecto para después simplemente ejecutar.

Si hacías eso, los resultados deberían estar garantizados.

Un calendario donde cada día estuviera programado.

Donde todo salga exactamente como estaba previsto.

Y ni mucho menos esto es una apología al libre albedrío.

La organización es fundamental y muy necesaria si no quieres volverte loco.


¿Pero sabes qué?

Ese plan no existe.

El día que lo asumes, dejas de hacerte ilusiones.

Las lesiones llegan. El trabajo se interpone. La motivación flaquea.

Si basas tu éxito en que todo salga como esperas, estás jodido.

Porque la vida no sigue tus reglas.

Y el camino hacia un Ironman, una maratón o el reto que te hayas planteado, menos.


La verdadera clave no es tener un plan fijo. Es estar dispuesto a ajustar el rumbo cuando sea necesario.


EL NUEVO MODELO: ACCIÓN Y ADAPTACIÓN

Hoy en día, el modelo ha cambiado.

Ha pasado de planear y ejecutar, un binomio lineal de una sola dirección,

a un modelo cíclico infinito donde la variable de ajustar y adaptarse es imprescindible.

1. Ejecutar: Da el paso. Sal a entrenar aunque no sea el día perfecto.

2. Adaptar: Reflexiona sobre lo que hiciste. ¿Qué salió bien? ¿Qué salió mal? Ajusta.

3. Repetir: No pares. No importa que el ritmo baje o que el entrenamiento no sea perfecto. Hazlo.

¿Sabes lo más curioso de los días malos?

Son los que más te preparan.

Cuando la fatiga aprieta, cuando nada sale como querías, ahí es donde forjas la verdadera resistencia y el carácter.

Porque el día de la carrera no todo será ideal.

Habrá calor. Habrá viento. Habrá momentos en los que quieras dejarlo.


Por eso entrenas en las peores condiciones.

Porque sabes que la incertidumbre va a estar ahí el día de la prueba.

Y cuando llegue, no te pillará por sorpresa.

Ya lo planteó Séneca en su día con su premeditatio malorum,

la idea no es preocuparse por los problemas, sino fortalecerse y prepararse para ellos.

El Ironman no es para el que necesita garantías.

El Ironman es para el que está dispuesto a enfrentarse a lo desconocido.

A nadar en aguas abiertas donde no controlas la corriente.

A pedalear con el viento en contra, cuando cada kilómetro parece más largo que el anterior.

A correr cuando las piernas ya no responden, y cada paso parece un martillazo directo a tu puto ego.

Lo mismo pasa en la vida.

Quieres seguridad.

Quieres que las cosas salgan como esperas.

Pero cuando dependes de eso, nunca avanzas.

Porque esperas el momento perfecto para actuar.

Y ese momento nunca llega.

¿Y qué haces cuando todo se desmorona?

Te agarras a lo que no cambia.

La constancia.

La capacidad de adaptarte.

El deseo de cruzar la línea de meta.

La certeza de que, pase lo que pase, vas a seguir adelante.

Porque el una prueba así no se gana el día de la prueba.

Se gana en los días en los que todo salió mal pero cumpliste igual.

Se gana cuando tu cuerpo dijo “no puedo más” y tú respondiste “una más”.

Se gana en la soledad del entrenamiento, cuando nadie te aplaude, pero tú sigues sumando.

NO IMPROVISES. ANTICIPA.

No se trata de ser pesimista.

Se trata de saber que el fracaso puede llegar.

De aceptar que los problemas están ahí.

De planear para lo peor, no porque seas negativo, sino porque eres realista.


Cuando llegue el día del Ironman, o de cualquier reto grande en tu vida, estarás listo.

No porque todo haya salido como planeabas, sino porque aprendiste a adaptarte.

Porque cada vez que el caos llegó, tú te mantuviste en pie.

ABRAZA EL CAOS. SIGUE MOVIÉNDOTE.

El domingo 13 de abril comienza el juego.

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Mis 3 tiny victories

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  2. Tener una conversación con mi fisio Pedro.
  3. Presentarles el nuevo proyecto a todos mis atletas de FLOW.

Mi pregunta incómoda

¿Cuánto de lo que critico en los demás es en realidad un reflejo de lo que no acepto en mí?

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