Shaquille O'Neal no hace Ironmans



Shaquille O'Neal no hace Ironmans
(pero me enseñó a manejar la presión)
tiempo de lectura 8 minutos

disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 14, 2026


show
121: Shaquille O'Neal no hac...
May 14 · tiny victories.
7:56
Spotify Logo
 

Ahora mismo estoy escribiendo esto mientras cruzo el charco en un avión camino a Estados Unidos. Dentro de tres días, será la novena vez que me ponga detrás de la línea de salida para competir en un Ironman. Y a pesar de volver a hacerlo con el máximo respeto que le tengo a esta distancia, siento una presión diferente. Es una oportunidad real de intentar conseguir la clasificación al Mundial de Kona. Un sueño que llevo persiguiendo cuatro años. Algo que durante mucho tiempo parecía demasiado lejos, demasiado difícil, demasiado grande. Y, aun así, por primera vez, tengo la sensación honesta de estar en condiciones de pelearlo.

Me refiero a competirlo, no a prometerlo o querer garantizarlo. Pero sí de estar ahí. De haber hecho y acumulado el trabajo suficiente como para mirar a la
oportunidad a la cara y decirle con seguridad, que esta vez sí. Estoy preparado.

Mientras el avión cruza el Atlántico, pienso en la presión de una forma bastante literal. A nivel del mar, la presión atmosférica ronda los 14,7 psi. Dentro de la cabina de un avión comercial, aunque parezca que estamos cómodamente sentados, la presión suele equivaler a estar a unos 1.800-2.400 metros de altitud. Fuera, a 10.000 o 11.000 metros, el aire es demasiado fino para que podamos respirar con normalidad. Por eso el avión, de alguna manera nos protege, encerrándonos en una burbuja artificial donde la presión no desaparece, simplemente se regula.

Y quizá esa sea una buena forma de empezar a entender la presión con una perspectiva algo diferente.

Hace tiempo escuché una historia de Shaquille O’Neal que creo, ejemplifica a la perfección lo que intento escribir. Shaq había jugado un partido horrible contra los Knicks. Se sentía mal, frustrado, superado por lo que él (y todos) llamaba presión. Su padre, Phillip Harrison, un hombre duro, militar, de esos que no necesitaban grandes discursos para que entendieras que habías fallado, le hizo coger un avión y volver a casa. Después, le metió en el coche y condujeron hasta un puente a las afueras de la ciudad a las cinco de la mañana. No entendía muy bien qué hacían allí y cuál era la lección que su padre quería enseñarle, hasta que de repente, un hombre salió de una tienda de campaña, seguido de una mujer y dos niños pequeños. Entonces le dijo, con la crudeza de quien no intenta consolarte sino despertarte, que eso era presión. No saber dónde vas a dormir. No saber qué vas a comer. No saber si mañana vas a poder sostener a los tuyos. No fallar un partido cuando tienes millones asegurados, fama, contrato y otra oportunidad esperándote. Shaq contó que aquella escena le cambió la forma de mirar la presión.

Y no escribo esto para romantizar el sufrimiento de nadie. Ni para decir que solo tiene derecho a sentir presión quien está en una situación extrema. No soporto cuando la gente se apoya en este tipo de situaciones o discursos para justificar algo. Cada persona carga con su propia vida. Cada uno sabe lo que significa ese examen, esa carrera, esa oposición, esa conversación pendiente, ese negocio que no arranca, esa decisión que lleva meses evitando o ese reto que le pone delante todo lo que todavía no sabe si es capaz de sostener.

Pero sí creo que nos hemos acostumbrado demasiado rápido a llamar presión a cualquier cosa que amenaza nuestro ego.


A veces no es presión lo que sentimos, sino estar bajo una nube de expectativas que no son realistas, bajo la infinita comparación con los demás, incluso con gente que no tienes ni puta idea de quién es o bajo la necesidad infantil de que todo salga bien para poder seguir creyendo que valemos.

Y ahí empieza el problema.

Porque una cosa es querer ganar, querer hacerlo bien, querer estar a la altura de lo que has trabajado. Eso es sano. Eso te honra. Eso te obliga a ordenar tu vida, cuidar tus hábitos, entrenar aunque no apetezca, dormir cuando otros siguen distraídos, decir que no a cosas que también te gustaría hacer. Y otra cosa muy distinta es convertir cada oportunidad en un juicio final sobre tu identidad.

Si sale bien, valgo. Si sale mal, soy un fraude. Si consigo la clasificación para Kona, todo habrá merecido la pena. Si no lo consigo, estos cuatro años no habrán servido para nada. Y esa es la trampa en la que caemos a diario, cuando la realidad es que la presión no siempre viene del evento en sí. Muchas veces viene de la historia que construimos alrededor del evento. En el entrenamiento, en el trabajo, en las relaciones, en el dinero, en el contenido que subimos, en la vida que creemos que deberíamos tener a cierta edad. Miramos alrededor y parece que todo el mundo está resolviendo su existencia con una claridad insultante. Uno compra una casa. Otro factura seis cifras. Otro viaja por el mundo. Otro entrena como un profesional mientras mantiene una relación perfecta, una empresa perfecta, un cuerpo perfecto y una mañana perfecta exponiendo sus huevos al sol y bebiendo matcha, después de haberse levantado a las tres de la mañana, facturado un millón de euros, haber sido padre, muerto y resucitado. Y tú estás ahí, intentando no llegar tarde, contestando mensajes entre series, comiendo lo que puedes, fallando más de lo que enseñas y sintiendo que quizá no vales una mierda.

La comparación no solo te roba alegría. También te deforma la presión. Hace que tus retos dejen de ser tuyos y se conviertan en una especie de examen público contra vidas que ni siquiera conoces de verdad. Y entonces ya no quieres correr tu primer 10K, tu primera media, una maratón o tu primer Ironman. Quieres demostrar algo. Ya no quieres construir un cuerpo fuerte. Quieres justificar tu valor. Ya no quieres mejorar. Quieres compensar la sensación de no ser suficiente.

Ahí la autoexigencia deja de ser una herramienta y se convierte en el peor de los castigos.

Y yo creo profundamente en la autoexigencia. No en esa versión blanda, cómoda y descafeinada donde todo vale y cualquier excusa se disfraza de autocuidado. Creo en exigirse. Creo en prepararse bien. Creo en hacer lo que dijiste que ibas a hacer. Creo en tener palabra. Creo en elevar tus estándares. Creo que el cuerpo, al final, acaba siendo un espejo bastante cruel de cómo te tratas, cómo te hablas y qué tipo de decisiones eres capaz de repetir cuando la motivación ya no está.

Pero exigirse no es odiarse hasta que las cosas parece que empiezan a funcionar. Exigirse no es insultarse cada vez que fallas. Exigirse no es vivir con la sensación permanente de que nada de lo que haces es suficiente. La exigencia bien entendida nace del respeto. La flagelación nace del miedo.


Y eso se nota.

Por eso creo que gestionar la presión no consiste en convencerte de que nada importa. Claro que importa. Jacksonville importa. Kona importa. Los sueños importan. Las cosas por las que uno se levanta temprano durante años importan. Sería muy fácil fingir desapego y decir que el resultado me da igual, pero sería mentira. Y yo no quiero escribir desde ahí. Quiero que salga bien. Quiero estar a la altura. Quiero cruzar esa meta sabiendo que no me he guardado nada. Pero también quiero tener la madurez suficiente para entender que mi vida no cabe entera en un resultado. Que una carrera puede ser importante sin convertirse en mi identidad completa. Que un sueño puede merecerlo todo sin exigirme que me destruya si no llega cuando yo quiero.

Quizá el éxito no sea solo conseguir aquello que persigues. Quizá también sea llegar al día decisivo sin haberte traicionado por el camino. Llegar con la conciencia tranquila. Llegar sabiendo que entrenaste cuando tocaba, descansaste cuando hacía falta, pediste ayuda cuando no sabías, ajustaste cuando el cuerpo no respondía y seguiste aunque muchas veces no hubiera ninguna garantía. Y tal vez esa sea la forma más honesta de enfrentarse a cualquier gran evento. No intentar apagar la presión, sino ponerla en su sitio. Recordarte que no es un monstruo externo. Es una interpretación. Una energía. Una señal de que algo te importa. Y si algo te importa, lo normal es sentir. Lo raro sería no sentir nada.

Así que sí, dentro de tres días estaré en la salida del Ironman Jacksonville.

No sé qué va a pasar.

Y precisamente por eso merece la pena.


Tiny tool


Antes de tu próximo momento importante, escribe en una nota tres frases:

  1. Qué depende de mí.
  2. Qué no depende de mí.
  3. Qué significaría estar orgulloso de mí aunque el resultado no salga como quiero.

Y compite (o vive) de una forma que puedas respetar cuando todo termine.

Creo que esto puede ayudarte

Tiny Victories

I am a coach, athlete, educator, and content creator. Through my newsletter “Tiny Victories,” I explore the art of adding up small daily victories as a path to becoming a better version of oneself. I am the author of The Art of Obsession and Tiny Victories, and founder of FLOW Performance, an online coaching service that transforms lives through the intelligent combination of strength and endurance, not only through training, but also through identity and purpose. Nowadays, I compete in the Ironman circuit as an amateur athlete.

Read more from Tiny Victories

La educación también se entrenatiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 4, 2026 125: La educación también se... Jun 4 · tiny victories. 6:56 Ayer por la mañana casi fallo mi entrenamiento incluso antes de empezar a nadar. Y no por fatiga, ni por falta de ganas, ni por una mala noche de sueño.Sino por una señora de unos 60 años metida en el carril rápido de la piscina. Los que nadáis en piscinas públicas, aunque sean de gimnasios privados, sabéis perfectamente de qué...

Una vida con sentido(solo necesitas 4 cosas)tiempo de lectura 7 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| JUNIO 1, 2026 124: Una vida con sentido Jun 1 · tiny victories. 6:54 Desde siempre, he pensado que es el libro quien elige el momento oportuno de que lo leas. Por eso, hay textos que no lees. Te encuentran. Aparecen justo cuando llevas semanas intentando ordenar algo que no sabes muy bien cómo explicar. Justo cuando has pasado por demasiadas idas y venidas internas. Justo cuando la vida...

Cuando hacer más deja de ser la solucióntiempo de lectura 8 minutos disponible en FLOWPERFORMANCE.ES| MAYO 29, 2026 123: Cuando hacer más deja d... May 29 · tiny victories. 8:40 Hay conversaciones que no te dan una respuesta, pero te dejan sin escapatoria. Hace unos días tuve una de esas conversaciones con una amiga. Una conversación que empezó hablando de entrenamiento, rendimiento, objetivos, negocio, presión, psicología deportiva y acabó tocando una herida que, en el fondo, ya sabía que...