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Llevo semanas entrenando bien. El cuerpo responde. La mente, más o menos. Pero hay un ruido de fondo que no se va, y estoy seguro de que no estoy solo en esto. No es miedo a fallar. Es miedo a que me vean fallar. Ellos están, pase lo que pase. Hablo del resto. De los que opinan sin saber, de los que comparan, de los que están esperando el fallo para poder decir “ya te lo dije”. Y es agotador, porque sé que eso no debería importarme. Pero importa. Más de lo que querría. Entrenar es fácil comparado con esto. Lo difícil es sostener lo que sueñas sin convertirlo en una jaula. Lo difícil es recordar que esto lo haces por ti… cuando todo el mundo parece estar mirando. Y entonces aparece la pregunta que más duele: ¿Lo estás haciendo porque lo amas, o porque no soportas la idea de no lograrlo? A veces me cuesta diferenciarlo. Quiero bajar de 10h en Vitoria. Quiero competir en Niza con los mejores. Pero no quiero que eso se convierta en la única forma de sentir que valgo para algo. Porque ahí es donde empieza a romperse todo. Cuando el resultado deja de ser un objetivo y empieza a ser una condición. De afecto. De reconocimiento. De respeto. De pertenencia. Porque entonces ya no estás compitiendo por crecer. Estás compitiendo por no desaparecer. Hoy, a dos semanas del primer reto y a once del gran sueño, solo quiero recordarme una cosa: Pero el precio de esconderse… es aún peor. No con prisa. No con rabia. Simplemente disfrutando y estando presente. Porque si llego, que sea con los ojos abiertos. Y si no llego, que sea sabiendo que fui fiel a mí mismo. No por lo que aparenta. No por lo que vende. Sino por lo que me sostiene. Trabajo. Disciplina. Compromiso. Palabra conmigo mismo. Respeto al proceso. Y sobre todo, una razón que no depende del aplauso. Jay Shetty dijo una vez: No tienes miedo a perder.
Tienes miedo a que te vean perder.
No tienes miedo a intentarlo.
Tienes miedo a que te vean intentarlo.
No te asusta empezar desde cero.
Te asusta que los demás te vean empezar desde cero.
¿La verdad?
Nadie te está observando tan de cerca como crees.
Y aunque lo hicieran, sus opiniones no son predicciones de tu futuro, solo reflejos de sus propias inseguridades.
Así que empieza ya.
Falla rápido, aprende más rápido y sigue adelante.
Su juicio no te define, a menos que tú se lo permitas.
Soy un privilegiado. 🏆 Mis 3 tiny victories
💭 Mi pregunta incómoda¿Lo haces porque es lo que toca o porque tienes un porqué? |
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