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Hay algo que siempre me ha llamado la atención de Ludovico Einaudi. Y con lo que me identifico mucho en todo lo que hago, tanto en FLOW como en mi segundo libro. No es su éxito. No son los auditorios llenos. Ni los millones de reproducciones. Lo que me rompe la cabeza es que pasa horas —a veces días e incluso semanas— ajustando detalles que la mayoría de nosotros no sabríamos explicar ni aunque nos los señalaran con el dedo. Un silencio un poco más largo. Una nota que entra apenas un segundo después. Una transición que casi no se percibe. El oyente no lo piensa. Pero lo siente. Y Einaudi sabe perfectamente que nadie va a decir al salir del concierto: “Qué bien estaba ese matiz del minuto 3:42”. Aun así, lo hace. Porque él sí sabe que está ahí. En Japón existe una palabra para esa forma de estar en el mundo: shokunin. El artesano que dedica su vida a perfeccionar una sola cosa. No para destacar. No para ganar más. No para ser admirado. Sino porque hacer las cosas mal —o a medias— sería una falta de respeto. Primero hacia su trabajo. Y luego hacia sí mismo. La lección aquí es incómoda. Que si pones más energía, obtienes automáticamente algo mejor. Pero no funciona así. Al principio, casi todo compensa. Cualquier acción da resultados rápidos. Hay motivación. Hay feedback. Hay dopamina. Luego llega el tramo que casi nadie quiere atravesar. Ese punto donde sigues poniendo energía, pero el resultado apenas se mueve. Donde nadie te aplaude. Donde parece que ya es suficiente. Ahí es donde la mayoría se baja. sino porque empiezan a negociar. “Ya está bien así.” “No hace falta hilar tan fino.” “Nadie lo va a notar.” Pero ese último tramo —ese último 5%— es justo donde ocurre la diferencia. No en el resultado visible. Sino en quién te conviertes mientras haces el trabajo. Einaudi no cuida los detalles solo para transmitir más. El shokunin no pule para ganar prestigio. Y aquí es donde esto conecta con el día de hoy. Último día del año. Todo el mundo revisando cifras, logros, fracasos. Listas de objetivos para 2026. Nuevas promesas. Nuevas identidades improvisadas. Pero casi nadie se está haciendo la pregunta correcta. No es: “¿Qué quiero conseguir el año que viene?” Es: “¿En quién me tengo que convertir para poder hacerlo?” Porque la claridad no viene de pensar más. Viene de decidir cuáles van a ser tus innegociables. Qué estándares no vas a rebajar. Qué detalles vas a hacer bien aunque no den likes, dinero o reconocimiento inmediato. Y aquí está el punto clave. El 2026 no se decide hoy escribiendo objetivos en una libreta. Se decide en febrero. En marzo. Un martes cualquiera, cansado, sin ganas, sin motivación. Ahí es donde sabrás si lo tuyo iba en serio. El gran trabajo —en lo profesional, en lo físico, en lo personal— no se construye queriendo más resultados. Como Einaudi con una nota que nadie sabrá explicar. Como el shokunin puliendo una pieza que nadie verá. Ese es el último 5%. Ahí es donde se separa la gente que termina cosas… de la gente que se respeta haciéndolas. Feliz cierre de año. Y ojalá el próximo no lo llenes de promesas, sino de decisiones que estés dispuesto a honrar cuando nadie esté mirando. |
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093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...