Necesitaba una semana de relax y desconexión para coger fuerzas y encontrar respuestas. Hay preguntas que te acompañan tanto tiempo que acabas respondiéndolas en automático. A mí me pasaba con esta: “¿Por qué haces Ironmans?” Siempre contesté lo mismo: “Porque es la única forma que he encontrado de respetarme.” Y a pesar de seguir siendo verdad, Cozumel me ayudó a rascar aún más profundo. Cozumel tiene un aura diferente a todos los lugares en los que he competido. Es capaz de darte o arrebatártelo todo, quizá por eso nos llevamos tan bien. No entendemos de medias tintas. Y allí, arrastrándome como si alguien me hubiese apagado los plomos, descubrí algo que no supe poner en palabras durante años. Ese momento en el que ni las piernas ni la mente obedecen, en el que todo el mundo te adelanta, en el que ya no hay épica ni gloria ni medallas… Solo queda eso que intentas evitar a toda costa: Completamente desnudo ante el mundo. Y ahí, jodido y medio roto, entendí que quizá esa era la verdadera razón por la que siempre vuelvo a ponerme un dorsal. No para demostrar nada. No para tener una identidad. No para sentirme invencible. Sino para permitirme ser débil sin esconderme. Porque ser vulnerable —de verdad— es el mayor acto de amor propio que conozco. Y yo he elegido vivirlo así: a base de golpes, kilómetros y verdades incómodas. Otros lo harán pintando, escribiendo, en un despacho, cantando. Da igual el camino. Lo importante es no esconderse. Crecer nunca ha sido sexy. Nunca fue glamuroso. Siempre vino acompañado de cicatrices. Pero hay algo que sí es universal: No puedes amar ni inspirar a nadie si no tienes el coraje de mirarte de frente. Mirar tus miedos, tus inseguridades, tus grietas. Aceptar que no eres invencible. Y aun así decidir avanzar. Ese es el trabajo que casi nadie ve. Ese es el trabajo que sostiene todo lo demás. Llevamos un año grabando en secreto un documental que habla justo de eso. De lo que no sale en Instagram. De lo que no se aplaude. De lo que no se cuenta por el dolor que supone. De lo que pasa cuando la cámara se apaga y solo quedas tú con tus dudas más primitivas. Lo hemos llamado “Lo que no se ve” porque todo lo importante ocurre ahí: en los días que no te apetece salir de la cama, en el cansancio que se acumula día tras día, en la renuncia y el sacrificio, en esa soledad, en las Cozumel fue la última página de esa historia. La pieza que faltaba. La prueba final de que mostrarte vulnerable no te hace débil. Te da la humildad y honestidad suficiente de poder inspirar a otros con tus actos. Si tú también estás cansado de vivir en piloto automático, si sientes que estás evitando mirarte por dentro, o si simplemente quieres pertenecer a algo que va mucho más allá del deporte… entonces me gustaría verte en la premiere. Es un homenaje a la soledad, al sacrificio y a todo lo que implica perseguir un propósito cuando nadie está mirando. Será el jueves 18 de diciembre en Madrid Es el momento de ver —por fin— lo que no se ve. |
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093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...