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Hay algo que casi nadie te dice cuando empiezas a perseguir tus metas más grandes. El éxito, en cualquiera de sus formas, suele venir acompañado de una soledad brutal. No me refiero a estar solo físicamente. Puedes tener pareja, amigos, familia… pero aun así sentir que nadie entiende del todo lo que llevas dentro. Porque lo que te mueve rara vez es lo que muestras. Casi siempre hay una herida detrás. Algo de lo que ineludiblemente estás huyendo. Muchos de los que más brillan no lo hacen por un propósito perfectamente equilibrado o porque tengan una visión espiritual de la vida. Lo hacen porque necesitan demostrar algo. Porque alguien les hizo sentir pequeños, invisibles, insuficientes. Porque llevan un chip en el hombro y esa es la gasolina que los empuja. El problema es que, aunque consigas construir una catedral de éxitos, medallas, dinero o reputación… nadie ve el precio que has pagado para llegar ahí. Y muchas veces, ni tú mismo eres consciente de lo que has tenido que sacrificar hasta que el eco del aplauso se apaga y regresas a casa, a solas con tu silencio. Y ahí es donde golpea más fuerte: cuando no hay público, cuando no hay validación, cuando no hay ojos puestos en ti. Porque lo que de verdad cuenta no es quién eres cuando todos te observan, sino quién eres cuando no hay nadie mirando. El trabajo que nadie ve, la disciplina que sustenta días de mierda, la voz interna que no puedes silenciar. Eso es lo que te desnuda. Eso es lo que muestra quién eres en realidad. El éxito te aísla porque te obliga a elegir. A elegir entre la comodidad de pertenecer a lo que todos hacen, o la incomodidad de seguir un camino en el que la mayoría no te va a acompañar. Y claro que duele. Duele no encajar, duele sentir que caminas solo, duele no tener siempre con quién compartir lo que estás viviendo. Pero esa soledad también es un espejo. Te muestra si de verdad lo haces por ti o solo por la aprobación de los demás. Te obliga a enfrentarte con una de las preguntas incómodas que más me gustan: ¿Seguirías haciendo lo que haces si nadie más lo viera? Si la respuesta es sí, entonces esa soledad no es un castigo: es un filtro. El filtro que separa a quien necesita ser visto, de quien simplemente necesita ser. Mis 3 tiny victories
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094: Quién eres cuando nadie... Jan 25 · tiny victories. 5:05 El sábado, volviendo de Andorra solo en el coche, me di cuenta de algo que —aunque llevo años diciendo—, solo entiendes de verdad cuando bajas un poco el ruido: todo pasa por tu identidad.No por objetivos.No por motivación.Por tu identidad.James Clear lo explica mejor que nadie: no escribes un libro porque te obligas a escribir una hora al día.Eso es el final de la historia, no el principio.El principio es otro: soy escritor.Y...
093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...