Los detalles lo cambian todo


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083: Los detalles lo cambian...
Dec 15 · tiny victories.
5:33
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Hay una cosa que me fascina hacer de vez en cuando cuando escribo.

Juntar en la misma mesa a varios personajes de la historia, usando como nexo de unión un mismo pensamiento a través de las palabras.

Y eso es lo que hoy voy a hacer con Mikel Arteta, ex jugador de fútbol y actual entrenador del Arsenal;

Steve Jobs, fundador de Apple; y Ludovico Einaudi, artista, compositor y pianista italiano.

Vivimos en una época donde casi todos buscamos hacer lo justo y necesario.

Algunos para sobrevivir y otros para no cagarse encima.

Con hacer lo suficiente nos basta.


Suficiente para cumplir.

Suficiente para no destacar.

Suficiente para no fracasar… pero tampoco para ganar.


Y en ese terreno gris, el detalle se ha convertido en el verdadero campo de batalla.


No el talento bruto.

No la motivación.

Ni siquiera el discurso bonito o el trabajo duro.


El detalle.


Hace poco escuchaba a Mikel Arteta hablar de fútbol.

Aunque en realidad no sé si estaba hablando de fútbol o de la vida misma.

Decía algo que me dejó pensando durante días,

y es que que hoy en día todo el mundo está preparado.

Que todos analizan, estudian, entrenan, copian.

Que todos saben cuál será el siguiente movimiento.

Y que por eso, cuando se abre una pequeña ventana, hay que entrar sin dudar.

Hay que aprovecharla y machacar al rival.


No desde la violencia, sino desde la precisión.

Arteta hablaba de crear caos desde el orden.

De ajedrez a máxima velocidad.


Y luego contó algo todavía más interesante.

Cuando llegó al vestuario del Arsenal, puso un mensaje enorme:

“We, not me.”


El equipo por encima del individuo.


Meses después se dio cuenta de que eso estaba incompleto.

Que el “me” no sobraba.

De hecho, era más que necesario, pero no para sumar, sino para multiplicar.


El “yo” correcto no compite con el “nosotros”, lo eleva.

Ser el protagonista no tiene porqué eclipsar a los demás.


Ese cambio de matiz —ese pequeño ajuste conceptual— es un detalle.

Y ese detalle puede cambiar una cultura entera.


Steve Jobs lo entendía igual, pero desde otro lugar.


Jobs decía que a la mayoría de la gente no le importa la perfección.

Solo buscan atajos y resultados rápidos.

Quieren las cosas para antes de ayer.


Pero que el gran trabajo nunca lo hacen quienes buscan constantemente los atajos.

Lo hacen quienes se obsesionan con detalles que nadie ve.

Cuando construyeron el primer Macintosh, grabaron las firmas de los ingenieros dentro de la carcasa.

Un lugar invisible, donde nadie iba a verlo jamás.


¿Entonces por qué hacerlo?


Porque cuando te importa lo que haces, te importa incluso cuando nadie está mirando.


Ahí empieza la excelencia.

No cuando te aplauden.

Sino cuando eliges hacerlo bien aunque no tenga una recompensa inmediata.

El camino lento es el único que realmente existe.


Ayer volví de mi primera vez en Milán.

Fueron unos días de muchas primeras veces.

Vi el Duomo por primera vez, conocí a varias personas y acudí a un concierto de uno de mis artistas favoritos, Ludovico Einaudi.


Y aún me cuesta explicarlo, sin hacerte caer en la tentativa de llamarme exagerado.

No fue solo música.

Fue el cuidado con el que sus manos acariciaban cada tecla.

La manera en que respiraba con el resto de músicos.

La conexión absoluta con el silencio entre cada nota.


No había prisa.

No había relleno.

No había nada puesto al azar.

Incluso la improvisación encontraba su espacio sin querer ser la protagonista.

Incluso el homenaje que preparó para su público fue puro detalle.

Audios, mensajes, idiomas distintos, recuerdos de lo que significaba el verano para miles de personas.

Todo recopilado en una sala pequeña, íntima, creando una atmósfera que no se podía replicar en un vídeo.


Era arte porque había intención.

Y había intención porque había cuidado.


Detalles.

Siempre me dio coraje lo mucho que os infravaloramos.


Hoy casi nadie fracasa por falta de capacidad.

Fracasa por descuidar los detalles.

Por vivir en automático.


Y el problema no es que eso esté mal.

El problema es que eso no te va a llevar a ningún sitio especial.

El problem radica en que ser detallista cansa.

Exige presencia.

Exige responsabilidad.

Exige dejar de buscar excusas.


Pero también es lo único que te devuelve algo a cambio.


Identidad, autoestima y respeto.


El progreso real es una acumulación obscena de pequeños detalles.

Así que si sientes que estás haciendo mucho y avanzando poco, quizá no necesitas hacer más.

Para, observa y cuida los detalles.

Ah, y recuerda, haz siempre café para dos.

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