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Hace unos días leí una frase que se me quedó grabada: “I have not yet grown wise enough to deeply enjoy simple things.” No soy lo bastante sabio todavía como para disfrutar profundamente de las cosas simples. Y pensé: qué jodido que en el mundo en el que vivimos esa frase tenga tanto sentido. Porque lo hemos complicado todo. Hemos hecho de la felicidad un escaparate en el que parece que solo cuenta lo extraordinario. Redes sociales, publicidad, historias de éxito… todo apunta en la misma dirección: El viaje exótico, la fiesta deslumbrante, el logro grandioso, la experiencia de película. ¿Pero sabes qué es lo peor? Que nos lo creemos. Que llegamos a sentir vergüenza de que las pequeñas cosas nos llenen. Como si fuera ridículo admitir que lo que más paz te da en la vida es tumbarte en una hamaca, reírte con un amigo, o cocinar en silencio un domingo por la tarde. Es un tipo de patología moderna: esa incapacidad de estar satisfechos con lo ordinario. Nos creamos expectativas imposibles. Idealizamos personas, lugares, experiencias… antes incluso de vivirlas. Y cuando por fin llegan, casi siempre nos saben a poco. No porque sean malas, sino porque nunca podrían estar a la altura de la película que nos habíamos montado en la cabeza. Yo mismo he caído ahí. Durante años entrené pensando en la meta, en la foto, en el momento glorioso. Y nunca era suficiente. Pero este año me pasa algo distinto. Me descubro disfrutando como un niño de cada entrenamiento para el Mundial de Niza. No pienso en la épica del día de la carrera. Pienso en la suerte de poder estar aquí, hoy, nadando, pedaleando, corriendo. De sentir el cuerpo cansado y agradecido. Y eso es lo que más me protege: Prepararme para lo que puede salir bien, pero también para lo que puede no ocurrir. Será la realidad, tal y como es. Creo que ahí está la clave: aprender a entrenar la mente para no compararnos, ni con los demás, ni con la imagen distorsionada que el mundo nos vende. Dejar de perseguir un estado de felicidad que no existe, para volver a lo único que siempre ha estado ahí: el presente. Siempre me pareció humillante la palabra detalle para referirnos a algo que en conjunto, le da sentido a todo. Porque al final, ¿qué es la vida sino una suma de esos pequeños detalles que casi siempre pasamos por alto? Mis 3 tiny victories
Mi pregunta incómoda¿Qué cosas pequeñas —esas que hoy te parecen insignificantes— podrías empezar a valorar como si fueran lo más grande de tu vida? |
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093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
092: De identidad, ajedrez y... Jan 18 · tiny victories. 5:10 Hay una frase que me persigue desde hace tiempo: confía solo en el movimiento. No en lo que dices que quieres. No en todos esos propósitos que apuntas en tu libreta. No en lo que piensas sobre ti. En lo que haces. Alfred Adler decía que todo comportamiento está orientado a un objetivo. Todo. Incluso el que te está jodiendo la vida. Quiero compartirte la lección que saqué de estudiar su manera de entender la vida. Si no estás donde...