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No sé hacer las cosas a medias. Nunca he sabido. Cuando algo me mueve de verdad, no existe el “veremos”, ni el “voy a probar”. O estoy dentro o estoy fuera. No hay punto medio. A veces me lo han reprochado. Que soy demasiado intenso. Que me obsesiono. Que me cuesta soltar. Y probablemente tengan razón. Pero también sé que esa forma de vivir —de entregarme sin reserva— es lo único que me ha permitido mirar atrás sin arrepentirme. Recuerdo la primera vez que escuché a Matthew McConaughey decirlo en una entrevista con Chris Williamson: “Go all in. Always. If you say you’re going to do something, mean it. Don't half ass it.” Creo que últimamente, Matthew es lo más parecido a una novia que tengo. Desayuno, como y ceno escuchando alguno de sus últimos podcast una y otra vez. Y cuando le escuché decir aquello, pensé: eso es exactamente lo que me ha sostenido toda mi vida. Porque lo fácil es empezar algo con ilusión y abandonarlo cuando la emoción se apaga. Lo difícil es seguir cuando nadie te aplaude, cuando no hay garantías, cuando todo lo que tienes son tus propias ganas de ver hasta dónde puedes llegar. Esa es la diferencia entre probar y comprometerte. Entre decir que lo harás, y hacerlo aunque duela. He fracasado más veces de las que puedo contar. He perdido carreras que me preparé durante meses. He tomado decisiones que me han costado dinero, sueño y energía. He dudado, he querido tirar la toalla, he sentido miedo. Pero nunca me he arrepentido de haberlo dado todo. Jamás. Porque incluso cuando las cosas salen mal, cuando terminas roto, hay una paz difícil de explicar en saber que no te guardaste nada. Que lo diste todo. Que fuiste hasta el final. Y eso —ese silencio después del esfuerzo— vale más que cualquier victoria. Ir all in no se trata de ganar siempre. Se trata de saber quién eres cuando lo apuestas todo por algo que importa. De descubrirte en la incomodidad. De entender que la claridad no llega antes de decidir, sino después de comprometerte. El “¿y si lo hubiera intentado más?” es el pensamiento más cruel que puede acompañarte el resto de tu vida. Por eso prefiero caer con todo, que quedarme con esa duda. Y sí, vivir así tiene un precio. Te deja cicatrices. Pero también te deja propósito. Y cuando vives con propósito, incluso el dolor tiene sentido. Así que, sea lo que sea que tengas delante —un sueño, una meta, una decisión pendiente— hazte una sola pregunta: ¿Estás dentro o estás fuera? Porque si estás dentro… Ve all in. Sin miedo, sin garantías, sin medias tintas. La vida te va a exigir todo igualmente. Así que al menos, hazlo por algo que merezca la pena. |
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093: El caminante sobre el m... Jan 22 · tiny victories. 5:16 Te va a parecer una tontería, pero cuando haces cosas, pasan cosas. La parálisis por análisis o el síndrome del impostor, se solventan con muchas pequeñas dosis de hacer cosas. De tomar acción. Y cuando vas avanzando y acumulando progresos, cagadas, errores, aprendizajes y en definitiva, pequeñas victorias, llega un momento jodido en la vida que casi nadie te explica. Y no es que la vida venga con un manual de instrucciones que vas...
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