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El domingo fue uno de esos días que no se olvidan. Uno de esos días que duelen más por dentro que por fuera. Venía con todo. Con la mente puesta en hacer mi mejor carrera hasta la fecha. Con la obsesión de batir mis marcas en las tres disciplinas. Pero Jesolo tenía otros planes. Sabía lo que tenía que hacer. Sabía cómo hacerlo. Una caída absurda. La patilla del cambio rota. Una herida fea en el pie. Se acabó. En ese momento, miré al voluntario y me di cuenta de que tenía dos caminos:
Podría haberme quedado ahí tirado. Podría haberme puesto a maldecir, a culpar, a preguntarme “¿por qué a mí?” Pero, ¿para qué? No hay nada más estéril que una queja. No hay nada más vacío que una excusa. La noche anterior, por alguna puta razón, había visto un vídeo de Shia LaBeouf. Decía algo que se me quedó clavado: “Asume la responsabilidad de tus actos, incluso cuando creas que no tienes la culpa.” Ahí está. La única pregunta que importa: ¿Qué vas a hacer con esta decepción? Con estas ganas de llorar. Con esta rabia que aprieta el pecho. Pero el sufrimiento es opcional. O puedes dejar que te queme. Está en qué haces con lo que te pasa. ¿DESDE DÓNDE ESTÁS HACIENDO LO QUE HACES? Esta hostia en Jesolo me ha recordado algo: Da igual cuánto entrenes, cómo te alimentes o si te levantas a las 5:00AM con la mejor mentalidad del mundo. Si no sabes tu porqué, estás jodido. ¿Desde dónde haces lo que haces? ¿Desde el ego? ¿Desde el miedo? ¿Desde la necesidad de aprobación? ¿Desde el hambre real de superarte? Porque si no tienes claro tu porqué, cuando lleguen días como este, te vas a romper. El propósito es lo único que convierte la derrota en lección. El propósito es lo único que hace que hoy, en vez de hundirme, ya esté pensando en Polonia. Que se preparen. Porque no saben la que se les viene encima. Si tú, que estás leyendo esto, has pasado por algo parecido: Un examen que no salió. Una oposición que perdiste por décimas. Una carrera en la que tu cuerpo dijo basta. Un proyecto que se cayó cuando más confiabas. Escúchame: Esto no es el final. Es la vida preguntándote: “¿Realmente lo quieres?” “¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?” “Más lejos que ayer.” Hoy estás herido. Hoy te duele. Hoy parece que nada tiene sentido. Pero dentro de unos días, si eliges bien, este momento va a ser la piedra angular de tu siguiente movimiento. Porque las medallas son bonitas. Pero los días que no ganas… son los que más te transforman. Así que no, no voy a rendirme. Ni voy a sentir lástima. Ni voy a usar esto como excusa. Voy a usarlo como impulso. Porque cuando entiendes que el dolor también es maestro, cada caída deja de ser derrota y se convierte en otra oportunidad de levantarte más fuerte. Nos vemos en la siguiente línea de salida. Con las cicatrices bien visibles. Con el corazón bien despierto. Porque esta historia aún no ha terminado. Hoy no hay tiny victories ni pregunta incómoda, creo que ha quedado todo bastante claro. |
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