Si ya entrenas fuerza pero te ahogas al correr, esto es lo que necesitas saber.


Estás fuerte.

Tiras bien de peso.

El espejo te devuelve una imagen con la que te sientes bastante orgulloso.

Pero hay un pequeño detalle…

Subes una cuesta y parece que te falta el alma.

Corres 3km seguidos y tu frecuencia cardíaca está en Marte.

Y ya ni hablemos de hacer una tirada larga o una serie de 400m sin parecer un culturista deshidratado a punto de explotar.

Si te pasa esto, no eres el único.

Es uno de los patrones más repetidos en los últimos años.

Gente que viene del gimnasio, que cuida su físico, pero que se ha olvidado de entrenar su sistema más importante: el cardiovascular.

No estás roto. Te estás autolimitando.

Tu cuerpo es capaz de rendir.

Tus músculos tienen fuerza.

Pero hay una parte de ti que está completamente dormida: tu motor.

El corazón, los pulmones, tu capacidad aeróbica…

Todo eso que no se ve, pero que lo cambia todo.

Y que llevas años sin entrenar de verdad.

La buena noticia es que puedes mejorarlo mucho más rápido de lo que crees.

La mala es que si no haces nada, seguirás estancado en la misma sensación de falta de aire, frustración y miedo a perder masa muscular si corres “demasiado”.

El miedo a correr que no te deja avanzar

Hay algo que escucho a menudo:

“Es que si corro, pierdo masa muscular…”

Y te entiendo.

Has construido algo con esfuerzo, y te aterra que se te vaya en un sprint.

Pero déjame decirte algo muy claro:

Lo que pierdes cuando corres mal no es músculo. Es progreso.

Pierdes progreso porque lo haces sin estructura.

Porque te metes a correr 10K del tirón o a un club de running con un plan general para todos y pretendes estar a la altura sin haber trabajado tu base aeróbica previamente.

Porque haces cardio en ayunas en lugar de aprender a correr bien.

No es la carrera lo que te frena.

Es no saber cómo integrarla dentro de tu planificación.

Lo que necesitas no es más motivación. Es una buena base.

Para dejar de ahogarte al correr, no necesitas más voluntad.

Necesitas un plan.

Uno que respete tu contexto actual.

Uno que entienda que vienes del gimnasio, no del atletismo.

Uno que sepa cómo introducir la carrera de forma progresiva, estratégica y compatible con tu entrenamiento de fuerza.

Esto no va de dejar las pesas.

Va de no tener que elegir entre estar fuerte… o rendir.

¿Qué puedes hacer ya para empezar?

Aquí tienes tres acciones prácticas que puedes aplicar desde esta misma semana:

Empieza por caminar rápido o trotar suave durante 30-40 minutos, 2 veces por semana.

Sin mirar el ritmo.

Sin exigirte.

Solo acumula minutos a baja intensidad.

Tu corazón necesita aprender a trabajar más tiempo, no más fuerte.

Haz tus sesiones de carrera en días diferentes a tus entrenamientos de pierna.

Si corres justo después de haber hecho sentadillas o peso muerto, estarás corriendo con fatiga neuromuscular.

Eso distorsiona la técnica y hace que lo odies más de lo necesario.

Olvídate de la intensidad durante un mes.

Sí, aunque estés acostumbrado.

No necesitas más intensidad.

Necesitas más base.

Y la base no se construye echando el pulmón en cada entrenamiento… se construye con constancia.

Esto no es un plan perfecto, pero sí un buen punto de partida.

¿Y si quieres hacerlo bien desde el principio?

Si este email te ha hecho sentir que hablo contigo, es porque probablemente estés en ese punto de querer más… pero no saber cómo.

Por eso he decidido escribirte cada semana sobre entrenamiento híbrido.

Para darte herramientas de verdad, sin humo ni fórmulas mágicas.

Y si quieres hacerlo con ayuda, con seguimiento y con una planificación hecha a tu medida…

Aquí es donde empieza el camino:

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FLOW no es para todo el mundo.

Pero si de verdad estás listo para dejar de ahogarte y empezar a rendir…

Entonces puede que sí sea para ti.

Nos vemos la semana que viene.

Pero esta vez, sal a correr.

Aunque solo sean 10 minutos.

El verdadero progreso reside en pequeñas dosis.

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