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No sé cuántas entradas llevo ya. Sesenta y algo, creo. Una por semana. O dos incluso. Sin fallar. Tampoco importa. Lo importante es que esta es la última antes de competir en el Mundial. Y digo última con todas las letras, aunque no signifique un final. Porque hay etapas que se cierran para que empiece algo nuevo. Y esto lo he sabido desde el principio. Desde aquel día en el que dije: “Algún día competiré en el Mundial de Ironman”. Sin tener experiencia. Sin saber nadar bien. Sin tener bici. Sin tener nada. Salvo una cosa: La decisión de empezar y de cumplir con mi palabra. Estas últimas semanas he estado dándole vueltas a dos conversaciones que me han marcado más de lo que pensaba. Las he tenido en la cabeza mientras entrenaba, mientras comía, mientras me subía al rodillo, mientras intentaba dormir sin conseguirlo. Y hoy, a unos días de competir, entiendo por qué han estado ahí, repitiéndose una y otra vez. La primera decía algo así como: “No puedes tener una vida fácil y un carácter fuerte.
Tener cosas no es divertido.
Lo divertido es conseguirlas.
No es la búsqueda de la felicidad.
Es la felicidad de la búsqueda.”
Me voló la cabeza. Porque eso es exactamente lo que he vivido. ¿Y si hubiera sido siempre al revés? No ha sido divertido tener un cuerpo fuerte. Ha sido divertido construirlo. No ha sido fácil tener una agenda llena de entrenos. Ha sido increíble diseñar una vida en torno a eso. No ha sido mágico llegar al Mundial. Ha sido mágico levantarme infinidad de veces cuando nadie me veía para acercarme a él. Va de entender que lo que más llena no es llegar, sino convertirte en alguien que no se rinde. No es el viaje. No es la meta. Es en quién te conviertes por atreverte a recorrerlo. La segunda conversación era aún más dura. Más directa. Decía: “No tiene sentido seguir queriendo algo si no estás dispuesto a hacer lo que se necesita para conseguirlo.
Si no quieres vivir el estilo de vida, suéltalo.
Desear el resultado pero odiar el proceso es garantizarte una decepción.”
¿Sabes cuánta gente hay ahí fuera atrapada en ese bucle? Quieren el cuerpo, pero no los domingos sin fiesta. Quieren el aplauso, pero no las semanas de silencio. Quieren el respeto, pero no la soledad. Quieren el resultado, pero no la vida que conlleva ese resultado. Yo también estuve ahí. Hasta que tomé una decisión muy simple, pero radical: Vivir como si ya lo tuviera. No soñarlo. Vivirlo. Y así he vivido los últimos cuatro años. Como si ya estuviera dentro. Como si ya tuviera lo que aún no había conseguido. Sé que es difícil de entender, pero necesitas soñar tan fuerte que tengas la sensación de estar ya viviéndolo. De ser esa persona que dices quieres llegar a ser. Pensar como ella. Actuar como ella. Eso sí, no va a ser fácil. No lo ha sido en absoluto. Te toca asumir tu responsabilidad. Yo ahora estoy a punto de conseguirlo. No porque haya tenido suerte. Sino porque me convertí en alguien que ya lo era, incluso antes de cruzar la línea. No sé qué pasará el día de la carrera. Ni quiero saberlo. Pero sí sé que estoy en paz. Porque hice todo lo que prometí hacer. Porque no me rendí cuando nadie me obligaba a seguir. Porque sostuve la promesa cuando el mundo no miraba. Esta etapa se acaba. Pero el viaje continúa. Así que si tú también tienes una meta que parece imposible, una idea que no te suelta, una voz que te dice que empieces… Pero no por el resultado. Hazlo porque quieres convertirte en alguien capaz de sostenerlo. Mis 3 tiny victories
Mi pregunta incómoda¿Estás viviendo como alguien que merece lo que dice que quiere… o solo estás esperando que la vida te lo regale? |
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